JE NE SUIS PAS CHARLIE (YO NO SOY CHARLIE)

José Antonio Gutiérrez D

Parto aclarando antes que nada, que considero una atrocidad el ataque a las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo en París y que no creo que, en ninguna circunstancia, sea justificable convertir a un periodista, por dudosa que sea su calidad profesional, en un objetivo militar. Lo mismo es válido en Francia, como lo es en Colombia o en Palestina.

Tampoco me identifico con ningún fundamentalismo, ni cristiano, ni judío, ni musulmán ni tampoco con el bobo-secularismo afrancesado, que erige a la sagrada “République” en una diosa.

Hago estas aclaraciones necesarias pues, por más que insistan los gurús de la alta política que en Europa vivimos en una “democracia ejemplar” con “grandes libertades”, sabemos que el Gran Hermano nos vigila y que cualquier discurso que se salga del libreto es castigado duramente.

Pero no creo que censurar el ataque en contra deCharlie Hebdo sea sinónimo de celebrar una revista que es, fundamentalmente, un monumento a la intolerancia, al racismo y a la arrogancia colonial. 

Miles de personas, comprensiblemente afectadas por este atentado, han circulado mensajes en francés diciendo “Je Suis Charlie” (Yo soy Charlie), como si este mensaje fuera el último grito en la defensa de la libertad. Pues bien, yo no soy Charlie.

No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. No puedo ver con buena cara esa constante agresión simbólica que tiene como contrapartida una agresión física y real, mediante los bombardeos y ocupaciones militares a países pertenecientes a este horizonte cultural.

Tampoco puedo ver con buenos ojos estas caricaturas y sus textos ofensivos, cuando los árabes son uno de los sectores más marginados, empobrecidos y explotados de la sociedad francesa, que han recibido históricamente un trato brutal: no se me olvida que en el metro de París, a comienzos de los ‘60, la policía masacró a palos a 200 argelinos por demandar el fin de la ocupación francesa de su país, que ya había dejado un saldo estimado de un millón de “incivilizados” árabes muertos.

No se trata de inocentes caricaturas hechas por libre pensadores, sino que se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas (si, aunque pose de alternativo Charlie Hebdo pertenece a los medios de masas), cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar. Mensajes cuyo propósito implícito es justificar las invasiones a países del Oriente Medio así como las múltiples intervenciones y bombardeos que desde Occidente se orquestan en la defensa del nuevo reparto imperial. El actor español Willy Toledo decía, en una declaración polémica -por apenas evidenciar lo obvio-, que “Occidente mata todos los días. Sin ruido”. Y eso es lo que Charlie y su humor negro ocultan bajo la forma de la sátira.

No me olvido de la carátula del N°1099 de Charlie Hebdo, en la cual se trivializaba la masacre de más de mil egipcios por una brutal dictadura militar, que tiene el beneplácito de Francia y de EEUU, mediante una portada que dice algo así como “Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas”. La caricatura era la de un hombre musulmán acribillado, mientras trataba de protegerse con el Corán.

Charlie Hebdo cartoon referring to the attack on Egyptian protesters in which 1,000 were killed.
Charlie Hebdo cartoon referring to the attack on Egyptian protesters in which 1,000 were killed.

Habrá a quien le parezca esto gracioso. También, en su época, colonos ingleses en Tierra del Fuego creían que era gracioso posar en fotografías junto a los indígenas que habian “cazado”, con amplias sonrisas, carabina en mano, y con el pie encima del cadáver sanguinolento aún caliente.

En vez de graciosa, esa caricatura me parece violenta y colonial, un abuso de la tan ficticia como manoseada libertad de prensa occidental. ¿Qué ocurriría si yo hiciera ahora una revista cuya portada tuviera el siguiente lema: “Matanza en París. Charlie Hebdo es una mierda: no detiene las balas” e hiciera una caricatura del fallecido Jean Cabut acribillado con una copia de la revista en sus manos? Claro que sería un escándalo: la vida de un francés es sagrada. La de un egipcio (o la de un palestino, iraquí, sirio, etc.) es material “humorístico”. Por eso no soy Charlie, pues para mí la vida de cada uno de esos egipcios acribillados es tan sagrada como la de cualquiera de esos caricaturistas hoy asesinados. 

Ya sabemos que viene de aquí para allá: habrá discursos de defender la libertad de prensa por parte de los mismos países que en 1999 dieron la bendición al bombardeo de la OTAN, en Belgrado, de la estación de TV pública serbia por llamarla “el ministerio de mentiras”; que callaron cuando Israel bombardeo en Beirut la estación de TV Al-Manar en el 2006; que callan los asesinatos de periodistas críticos colombianos y palestinos. Luego de la hermosa retórica pro-libertad, vendrá la acción liberticida: más macartismo dizque “anti-terrorismo”, más intervenciones coloniales, más restricciones a esas “garantías democráticas” en vías de extinción, y por supuesto, más racismo.

Europa se consume en una espiral de odio xenófobo, de islamofobia, de anti-semitismo (los palestinos son semitas, de hecho) y este ambiente se hace cada vez más irrespirable. Los musulmanes ya son los judíos en la Europa del siglo XXI, y los partidos neo-nazis se están haciendo nuevamente respetables 80 años después gracias a este repugnante sentimiento. Por todo esto, pese a la repulsión que me causan los ataques de París, Je ne suis pas Charlie.

Sobre el autor: José Antonio Gutiérrez D. es militante libertario residente en Irlanda, donde participa en los movimientos de solidaridad con América Latina y Colombia, colaborador de la revista CEPA (Colombia) y El Ciudadano (Chile), así como del sitio web internacional www.anarkismo.net.  Autor de “Problemas e Possibilidades do Anarquismo” (en portugués, Faisca ed., 2011) y coordinador del libro “Orígenes Libertarios del Primero de Mayo en América Latina” (Quimantú ed. 2010). 

LOOTERS AND SHOOTERS

 

Diarmuid Breatnach

Reading Salvage The Bones, a well-written novel by Jesmyn Ward, all but the last chapters of which are set in Louisiana during days of the impending hurricane Katrina in 2005, I started thinking about looters.

Looters” is the name usually given to those who sometimes operate in areas in the wake of a disaster, stealing items, occasionally also killing and/ or raping. They are generally reviled in discourses, characterized as savage opportunists taking advantage of misery and breakdown of law and order to prey on the weak and defenceless.

Alleged looters sit handcuffed under police guard in Oklahoma after storm May 2013.  Nearby, neighbours whose homes were destroyed and who accused the men of looting.
Alleged looters sit handcuffed under police guard in Oklahoma after storm May 2013. Nearby, neighbours whose homes were destroyed and who accused the men of looting.

 

Although “looting” is also used to describe many of the activities of advancing victorious troops on ground won in war (and on occasion too, activities of retreating troops), those troops themselves are never called “looters”. 

Yet plunder of treasure and goods was in fact one of the main reasons for invading forays or war for centuries: the Irish word “creacht” (from which, according to one theory, the colloquial Hiberno-English word “crack as in “the crack was great” — is derived) means, among some other meanings, loot taken from the victims of a raid – in their case, usually from another clan and the loot or “booty” often cattle, the main measure of wealth for centuries in Ireland.

Many Native American tribes raided others for horses and women (and sometimes male slaves). Groups among the Vikings, Saxons and Celts frequently sailed to other lands from which they took away slaves (probably the main booty and external trade goods for the Vikings, who made Dublin one of their slave markets). The hordes of the Mongols, the Vandals, Huns and Goths all raided and looted. They were mainly non-Christian hordes of course and what could one expect of the like?

The Christian Crusades were fought for control over the eastern spice and silk caravan routes and for land but loot was the main prize for the individual soldiers and officers. The first city attacked by the Crusaders was Damascus, a mostly Christian city. Charlemagne, that great soldier of Christendom, invaded Arab Spain in 778 ostensibly to aid three rebellious Arab chiefs against their Arab overlord, the Caliph of Cordova (Córdoba), during which he would also strike a blow against the Muslims; however he took one of his allies hostage (the Arab Governor of Barcelona) and only gave him up to another, the Governor of Zaragoza, a city Charlemagne besieged for a while, for a huge ransom of treasure. Departing then, Charlemagne took what he considered his quickest and safest route with his loot into the lands of his Frankish kingdom and went over the Pyrenees.

But some of his forces had already been near there when they sacked the Basque city of Iruña (Pamplona); in revenge the Basques (possibly aided by Asturians and Occitanians) mauled Charlemagne’s rearguard and killed most of the nobles with them. One of these was Hroudland, military governor of the land bordering Brittany, who was later romanticised as the great warrior Roland who died fighting the Muslims of Spain who threatened the Christian Europe. Unfortunately for this story, the fact is that the Basques, Asturians and Occitanians were …. yes, Christians. They just happened to have good relations with Muslim Spain (the reverse of what they were to have later with its Christian rulers).

 The Shooters

Modern warfare is also fought for loot but not usually by the soldiers in the army. Soldiers in modern armies are paid, as indeed they were in older times but looting is not usually encouraged. Their officers will no doubt turn a blind eye to a trophy, such as a Nazi luger or bayonet or some item of Saddam’s Iraqi Army equipment, but cart or jeep loads of such items would not be tolerated and even less so personal possessions of people in invaded countries.

The Nazi armed forces, despite their apparently rigid “morality”, were a famous exception, with senior officers looting famous paintings, sculptures, gold and diamonds and corruption extending downwards to concentration camp guards. The US and especially the ARVN (the South Vietnamese government forces) invading Cambodia and Laos in 1970 and 1971 respectively were well documented sending back lorry-loads of loot. And the war-band Kurds of Barzani and Talabani, the so-called “peshmergas”, in 2003 swept into Iraqi towns and looted whatever they could — even from hospitals — as the USA invaded. But these are exceptions among modern armies.

So modern wars are not usually fought for loot then, one might think – but one would be wrong. Modern wars were and are certainly fought for loot – rubber, oil, gas, coal, metals and minerals, wood, crops, water, markets – as well as for land, strategic bases and tactical supremacy. The main difference, apart from the loot being of a grander scale in modern warfare, is that it is not the soldiers who will be collecting the loot, nor even the officers, but the capitalists and politicians (often interchangeable terms) who ordered the war. In so far as senior officers may share in the loot, it will not be through their military rank as such but as members of the ruling elite from which they are often drawn or to which they have gained accession.

But these are not called “looters” either, except maybe by people in the occupied or invaded countries and they of course are biased, aren’t they? And maybe by some socialists and communists – but that’s the kind of propaganda statements you might expect from them, right? In fact, the soldiers in modern armies are often required to shoot looters!

A protester shouts at the National Guard standing on duty outside the Ferguson Police Department after the grand jury verdict in the Michael Brown shooting in Ferguson, Missouri, November 26, 2014. (photo: REUTERS/Jim Young)
A protester shouts at the National Guard standing on duty outside the Ferguson Police Department after the grand jury verdict in the Michael Brown shooting in Ferguson, Missouri, November 26, 2014. (photo: REUTERS/Jim Young)

 

In the USA, the soldiers shooting looters have usually been the National Guard, or State Troopers. But the police are armed there and they have also shot looters. When it comes to such a situation in Britain, it will probably be the British Army doing the shooting. If it were to occur in the Irish state, it would perhaps be firstly the Armed Response Unit of the Gardaí, who have a number of kills under their belts already (none of them in riot, looting or shootout situations, by the way) but in any large-scale looting scare, it would be the Irish Army. It is doubtful if the FCA would be trusted to do the shooting but they might be called out as guards on some centres and to staff roadblocks. 

Shooting looters might be a bit extreme, especially in countries without a death penalty, but extreme situations require extreme responses, citizens might say. We need someone to stop looters breaking into our homes, stealing our money, laptops and television and maybe killing and raping us into the bargain.

 

The Looters

Let’s take a look at the looters, for a minute or two. They generally fall into one of two groups: the ones who are opportunistically stealing whatever is easily available without violence to person, on the one hand and those who are prepared to fight, to hurt and possibly even to kill, on the other. Sprinkled across both groups, there are two main motivations: 1) to take food, drink or smaller luxuries such as today would be TVs, Ipads and laptops or 2) to steal large amounts of money, valuable jewelry etc.

In the aftermath of Hurricane Katrina, people who were starving and dehyrating and therefore searching destroyed buildings for food and bottled water and soft drink cans were shot by police and National Guardsmen. In Haiti, after the 2010 earthquake, rioting and looting were reported in the western media but strangely, one might think, given the level of poverty of most of the Haitian population, it turned out that actually there had been very little. What there had been were demonstrations of protest against the authorities’ slow response and against opportunists appropriating freshwater sources and selling the water. However, the reports justified the first practical response of Haiti’s strongest neighbour and main backer of its political regime – the sending of US Marines to the island. They of course could shoot looters … and perhaps demonstrators too if they got too numerous and ambitious.

Hurricane Katrina victims in New Orleans signaling for help
Hurricane Katrina victims in New Orleans signaling for help

In the wake of a national disaster, the hardest hit are usually those further down the economic scale. The poorer one is, the less possible it would be to get far away from the disaster area and yet be able to eat, drink, wash etc. The less likely too that one’s living quarters are going to be well-built to withstand hurricane, earthquake, flood; the less likely that one has access to alternative power sources, alternative transport, food and water stocks, medicine ….1

So where will people who are without shelter, warmth, food and drink go to find these things? If the emergency relief is sufficient and very quick, most of the disaster victims will go to relief camps and centres. If it is not, or in areas for which such emergency response is difficult to reach, the people are thrown on their own resources. There will be some communal mutual aid but let us not forget we have been discussing areas of poor people – most will have little beyond what they need for themselves and their own families. So what about shops, houses of the rich and those perceived as being better off ….? Of course, their owners will be in no danger if the armed police or troops turn up to shoot the cold, the hungry, the dehydrated, the ill.  

But what about those marauding opportunists, the looters who mainly want money, jewelry, expensive electronic equipment, cars …..? And murderers and rapists? We won’t shed a tear to see them shot down as the wild dogs that they are. Nasty predators on the victims of disasters!  And they are, no doubt about it. One of those comes through your door or window, don’t think twice about shooting him if you’re lucky enough to have a gun or stabbing him if you don’t. Although it might be difficult to differentiate them from the ones who just want a blanket, or clean drinking water, or some food …. Anyway, luckily, those violent predatory looters tend to exist in small numbers and their victims are likely to be numbered in dozens or at most in hundreds ….  

There are people who actually make money – and lots of it – from disasters. These are speculators who flock to disaster areas but they are not called “looters” — they are instead referred to as “entrepreneurs”, “niche investors” or, at worst, as “disaster capitalists”. These are often already organised into corporations and, according to Naomi Klein, one of their major chroniclers (read “Shock Doctrine”), they are organised and waiting for natural disasters and major political changes, anything that leaves most of the population in shock, to move in, privatize state services and property, impose legal and political changes allowing them to make quick profits and strip whatever assets can so be stripped.

 

The Shock Doctrine book

Milton Friedman, Professor Emeritus at University of Chicago, credited with the creation of the "Chicago School" of neo-conservative economists which legitmized disaster capitalism
Milton Friedman, Professor Emeritus at University of Chicago, credited with the creation of the “Chicago School” of neo-conservative economists which legitmized disaster capitalism

They flocked to Haiti in 2010 as they had to Chile after the coup there in 1973, to the Soviet Bloc as it collapsed from 1989 onwards, to South Africa as apartheid was abolished in the early 1990s, to Indonesia and surrounding lands in the wake of the Java Earthquake and Tsunami of 2006. They are also circling Ireland in its current financial institutions collapse. They are new only in their level of reach and organisation – they flocked to the former Confederacy as it lost the American Civil War in 1885 but in those days they were known as “Carpetbaggers”.  

These capitalists add to the disaster death toll by application of their doctrine of “the more and greater shocks the better”, by their dismantling of the safety nets of state health, welfare and education services, by their destruction of native industry and agricultures (except wherever it suits their plans to continue exploiting them), by the greater impoverishment of populations.  

The looter who terrorized some people in your neighbourhood and killed a few who resisted will almost certainly be gone within the year.  The disaster capitalist may well be gone in the same time or even sooner but he will have caused the deaths of hundreds or thousands in the short term and misery for millions for years to come.  

We should shoot him first, surely?  If you plan to do that, go well-armed, for standing guard for him and his kind are the Shooters: the police and the army.

 

Ends

 

Footnotes:

1    In 2004, I was taking advantage of a really cheap flight and hotel deal to a quiet resort in Trinidad & Tobago. During my short stay, Hurricane Ivan, classified in that area as Category 3 (winds 50-58 knots or 111-129 mph or 178-208 km/h) struck the island. It knocked down trees, downed power lines, caused flooding and landslides. In my hotel, the guests had to make do with a repeat menu served by low lighting and later sandwiches and bottled water delivered to rooms. We experienced a short break in power before the auxilliary generator came on. Television reception was terrible – not worth watching except for trying to make sense of the hurricane diagrams on CNN.

Outside the hotel, a number of poorer people’s houses were destroyed by falling trees, landslides and flooding but I think that thankfully, only one person was actually killed on the island (elsewhere, from the Windward Islands to Latin America, Cuba [where it reached Category 5] and southern and eastern United States, it killed 191 people directly and caused indirectly the deaths of another 32, according to Wikipedia).

As the temperatures climbed back again after the hurricane, power was not restored to many houses and small businesses for days, during which refrigerated and frozen food was destroyed. Most of those houses were without air-conditioning too but then most of them had never had it anyway.

TRECE ROSAS …. Y 43 CLAVELES

MILICIANAS 2

RAFAEL NARBONA
(originalmente publicado en su blog Agosto 2013)

(Encabezemientos por Rebel Breeze)
(versión traducido al inglés aquí https://rebelbreeze.wordpress.com/2014/03/28/thirteen-roses-and-43-carnations/)

La madrugada del 5 de agosto de 1939 fueron fusiladas trece mujeres en las tapias del Cementerio del Este de Madrid.

Nueve eran menores de edad, pues en aquellas fechas la mayoría no se alcanzaba hasta los 21. Con edades comprendidas entre los 18 y los 29, todas procedían de la cárcel de mujeres de Ventas, una prisión que fue concebida para 450 personas y que en 1939 albergaba a 4.000.

Salvo Blanca Brisac Vázquez, todas pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) o al PCE. Aunque no habían participado en el atentado que costó la vida a Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, se las acusó de estar implicadas y de conspirar contra “el orden social y jurídico de la nueva España”. El juicio se celebró el 3 de agosto y se dictaron 56 penas de muerte, que incluían a los autores materiales del atentado. Las Trece Rosas acudieron a su ejecución con la esperanza de reencontrarse con sus compañeros de las JSU. En algunos casos se trataba del novio o el marido, pero sus expectativas se desmoronaron al saber que ya habían fusilado a los hombres.

conesa

La tapia de ladrillo visto mostraba claramente los agujeros de bala y la tierra se había vuelto negra por culpa de la sangre derramada. Algunos días, el número de  víctimas superaba los dos centenares y se empleaban ametralladoras para facilitar el trabajo. Entre 1939 y 1945 se fusiló a 4.000 personas en el Cementerio del Este, incluido Julián Zugazagoitia, Ministro de la Gobernación con Juan Negrín y notable escritor y político socialista.

Según María Teresa Igual, testigo presencial y funcionaria de prisiones, las Trece Rosas murieron con entereza. No se produjeron gritos ni súplicas. En mitad de un silencio sobrecogedor, sólo se escuchaban los pasos del piquete de ejecución, el sonido de los fusiles al chocar contra los correajes y la voz del oficial al mando. Alineadas hombro con hombro, todas recibieron un tiro de gracia después de la  descarga, que se oyó nítidamente en la cárcel de mujeres de Ventas. Al parecer, una de las condenadas (no sé sabe si Anita o Blanca), no murió en el acto y gritó: “¿Es que a mí no me matan?”

Antonia Torre Yela se libró de la ejecución por un error mecanográfico. Al transcribir su nombre, bailaron las letras y se convirtió en Antonio Torres Yera. El error sólo aplazó el fin de Antonia, militante de las JSU y con sólo 18 años. Fue fusilada el 19 de febrero de 1940, transformándose en la “Rosa” número 14.

En su carta de despedida, Julia Conesa, diecinueve años y afiliada a las JSU, escribió: “Que mi nombre no se borre de la historia”. Su nombre y el de sus compañeras no ha caído en el olvido, pero sí el de sus verdugos, que disfrutaron de la impunidad de 38 años de dictadura y de una vergonzosa amnistía que sólo contribuyó a profundizar el agravio de todas las víctimas del franquismo.

El PSOE intentó apropiarse de las Trece Rosas, ocultando que en el momento de la ejecución ya se había desligado de las JSU para fundar las Juventudes Socialistas de España (JSE), con el propósito de manifestar su alejamiento del PCE. De hecho, la Ley de Memoria Histórica del gobierno de Rodríguez Zapatero ni siquiera se planteó anular los juicios de la dictadura.

Conviene recordar que ese triste 5 de agosto se fusiló además a casi medio centenar de hombres, los 43 Claveles. El franquismo mostró la misma crueldad con hombres y mujeres.

Un infierno

De hecho, la cárcel de Ventas era un infierno, con menores, ancianas y madres con hijos, hacinadas en pasillos, escaleras, patios y baños. Manuela y Teresa Guerra Basanta fueron las primeras mujeres ejecutadas en las tapias del Cementerio del Este. Se las fusiló el 29 de junio de 1939, con un centenar de hombres. Algunos historiadores sostienen que otras mujeres las precedieron, pero sus nombres no figuran en los archivos del cementerio.

Al igual que otras condenadas a muerte, las Trece Rosas sólo pudieron escribir a sus familias después de confesarse. Si no lo hacían, perdían la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.

Blanca Brisac era la mayor de todas y no militaba en ninguna organización política. Era católica y votaba a la derecha, pero se enamoró de un músico que pertenecía al PCE, Enrique García Mazas. Se casaron y tuvieron un hijo. Ambos fueron detenidos y condenados a muerte en el mismo proceso. De hecho, Enrique se hallaba en la Cárcel de Porlier y sería fusilado unas horas antes. Blanca le escribió una carta a su hijo Enrique, pidiéndole que no guardara rencor hacia los responsables de su muerte y que se convirtiera en un hombre bueno y trabajador.

MILICIANAS 3

En el Madrid de la posguerra, se persiguió con saña y encono a cualquier ciudadano sospechoso de “adhesión a la rebelión”, el tecnicismo jurídico que se empleó para invertir la ley, acusando a los partidarios de la Segunda República de atentar contra la legalidad vigente. Sólo los militares, los curas, los falangistas y los requetés podían respirar tranquilos. Ya nadie se atrevía a pasear con un mono de obrero o un pañuelo castizo. La ciudad era una enorme cárcel donde se ejercía la “caza del rojo”.

Las antiguas milicianas despertaban una especial inquina. En el diario Arriba, el 16 de mayo de 1939 aparece un artículo de José Vicente Puente, que no escatima palabras de desprecio: “Una de las mayores torturas del Madrid caliente y borracho del principio fue la miliciana del mono abierto, de las melenas lacias, la voz agria y el fusil dispuesto a segar vidas por el malsano capricho de saciar su sadismo. En el gesto desgarrado, primitivo y salvaje de la miliciana sucia y desgreñada había algo de atavismo mental y educativo. […] Eran feas, bajas, patizambas, sin el gran tesoro de una vida interior, sin el refugio de la religión, se les apagó de repente la feminidad”. En ese clima de odio y venganza, proliferaban las denuncias, pues eran el mejor recurso para demostrar la adhesión al Movimiento.

Torturas copiadas de la Gestapo

Los interrogatorios en las comisarías se basaban en torturas copiadas de la Gestapo: descargas eléctricas en los ojos y los genitales, la bañera, extracción de las uñas con alicates, simulacros de ejecución. Las mujeres sufrían especialmente, pues a las torturas se sumaban las vejaciones sexuales, el aceite de ricino y el corte del pelo al cero. En algunos casos, se les afeitaban incluso las cejas para despersonalizarlas aún más. Las violaciones eran moneda corriente. Es particularmente escalofriante el testimonio de Antonia García, de dieciséis años, “Antoñita”: “Me quisieron poner corrientes eléctricas en los pezones, pero como no tenía apenas pecho me los pusieron en los oídos y me saltaron los tímpanos. Ya no supe más. Cuando volví en mí estaba en la cárcel. Estuve un mes trastornada”.

Entre los responsables de los interrogatorios, se encontraba el general Gutiérrez Mellado, héroe de la Transición y capitán del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) durante los años más duros de la posguerra. Solía ser un testigo habitual de las ejecuciones, buscando confesiones de última hora. De hecho, el 6 de agosto de 1939 sacó de la hilera de condenados a Sinesio Cavada Guisado, “Pionero”, jefe militar de las JSU al acabar la guerra. “Pionero” había sido alineado en la tapia del Cementerio del Este y esperaba la descarga de plomo con el resto de sus compañeros. Gutiérrez Mellado se adelantó y ordenó su liberación. Le obligó a presenciar el fusilamiento y le pidió más información sobre la actividad clandestina del PCE. Aunque se mostró colaborador y diligente, el 15 de septiembre sería finalmente fusilado. Algunos afirman que Gutiérrez Mellado presenció la ejecución de las Trece Rosas, pero no he conseguido verificar el dato.

MILICIANAS 4

La cárcel de mujeres de Ventas estaba dirigida por Carmen Castro. Su intransigencia y falta de humanidad se reflejaba en las condiciones de vida de los niños encarcelados con sus madres. Sin jabón ni medidas de higiene, casi todos tenían tiña, piojos y sarna. Muchos morían y eran depositados en una sala, donde las ratas intentaban devorar los restos. Adelaida Abarca, militante de las JSU, afirma que los cadáveres sólo eran huesos y piel, casi esqueletos, pues el hambre los había consumido poco a poco. Otra reclusa afirma: “La situación de los niños era enloquecedora. También estaban muriendo y muriendo con un sufrimiento atroz. Tengo clavadas sus miradas, sus ojitos hundidos, sus quejidos continuos y su olor pestilente” (Testimonio recogido por Giuliana Di Febo en Resistencia y movimiento de Mujeres en España [1936-1976], Barcelona 1979).

Las presas convivían con la “pepa”, la pena de muerte. Desde la ejecución de las hermanas Guerra Basanta, sabían que el régimen no tendría misericordia con las mujeres. La madrugada en que fusilaron a las Trece Rosas se hallaba en la puerta de la cárcel la madre de Virtudes González. Cuando vio cómo subían a su hija al camión que trasladaba a las reclusas a las tapias del cementerio, comenzó a gritar: “¡Canallas! ¡Asesinos! ¡Dejad a mi hija!”. Corrió detrás del camión y cayó de bruces. Alertadas por el escándalo, las funcionarias de la cárcel de Ventas salieron al exterior y la recogieron del suelo, introduciéndola en la prisión. Quedó ingresada como una reclusa más.

“Si yo hubiera tenido dieciséis años también me habrían fusilado a mí”

No fueron menos dramáticos los reiterados intentos de Enrique de averiguar el paradero de sus padres, Blanca Brisac y Enrique García Mazas. En una entrevista con el periodista Carlos Fonseca, autor del ensayo histórico Trece Rosas Rojas (Madrid, 2005), Enrique cuenta sus amargas peripecias: “Yo tenía once años cuando fusilaron a mis padres y mi familia trató de ocultármelo. Me decían que habían sido trasladados de prisión y por eso no podíamos ir a verlos, hasta que un día fui decidido a las Salesas y allí un Brigada de la Guardia Civil me dijo que los habían fusilado, y que si yo hubiera tenido dieciséis años también me habrían fusilado a mí, porque las malas hierbas había que arrancarlas de raíz. Mi abuela y mis tías, hermanas de mi madre, con quien estaban enemistadas, llegaron a decirme que si Franco había matado a mis padres sería porque eran unos criminales. Incluso me ocultaron durante casi veinte años la carta de despedida de mi madre”.

MILICIANAS 6

No voy a terminar este artículo invocando la reconciliación, pues la Transición no se basó en la reparación del dolor de las víctimas, sino en la absolución de los verdugos. De hecho, la Reforma de la dictadura fue diseñada por criminales tan abyectos como Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa y José María de Areilza. Martín Villa ocultó y destruyó documentos para enterrar los crímenes del franquismo y organizó la guerra sucia contra anarquistas e independentistas vascos, catalanes y canarios desde su cargo de Ministro de la Gobernación entre 1976 y 1979. Entre sus hazañas, hay que mencionar el caso Scala (un atentado atribuido a la CNT que causó la muerte de cuatro trabajadores), el intento de asesinato del líder independentista canario Antonio Cubillo, el ametrallamiento de Juan José Etxabe, dirigente histórico de ETA, y su esposa Rosario Arregui (que murió a consecuencia de once balazos), y el asesinato de José Miguel Beñaran Ordeñana, “Argala”.

La impunidad de los verdugos

Ahora es un empresario de éxito, que se emociona hablando de su papel en la Transición. Vive tranquilamente y nadie ha planteado su enjuiciamiento. Su ejemplo es una muestra elocuente de la impunidad de los verdugos, que siguen escribiendo la historia, mientras demonizan a los que se atrevieron a resistir contra las miserias de la dictadura y de una falsa normalización democrática.

No se ha hecho justicia. Por eso, es absurdo hablar de reconciliación, pues nadie ha pedido perdón ni se ha reparado el daño causado. El franquismo cometió un genocidio, pero hoy mismo Manuel González Capón, alcalde de Baralla (Lugo) por el PP, se atrevía a declarar que “los que fueron condenados a muerte por Franco se lo merecían”.

El Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, costeado con casi siete millones de euros de fondos públicos, afirma que Franco “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”, pese a que en el Discurso de la Victoria el propio Franco afirmó que “un estado totalitario armonizará en España el funcionamiento de todas las capacidades y energías del país…”. El actual Estado español no es un escenario de reconciliación, sino de humillación de las víctimas y de la sociedad, obscenamente manipulada por unos medios de comunicación (ABC, El País, El Mundo, La Razón) que desempeñan un papel semejante a los periódicos de la dictadura (ABC, Arriba, Ya, Pueblo, Informaciones, El Alcázar), encubriendo y justificando los casos de torturas y aplaudiendo las medidas antisociales que no cesan de restar derechos a la clase trabajadora.

No recordamos a las Trece Rosas por su pasividad y sumisión, sino por su coraje y determinación. Salvo Blanca, atrapada por las circunstancias, todas eligieron luchar por la revolución socialista y la liberación de la mujer. Creo que si hoy pudieran alzar su voz, no hablarían de indignación y desobediencia pacífica, sino que pedirían un fusil para ocupar la vanguardia de un nuevo frente antifascista, capaz de frenar los crímenes del neoliberalismo. No malogremos su ejemplo, olvidando su condición de revolucionarias que inmolaron sus vidas por un mundo menos injusto y desigual.

rosario dinamitera

 Agosto 2013