“Nosotros luchamos contra la opresión nacional y social de los estados español y francés, el capital”

Entrevista de Andoni Baserrigorri a Jardun

Sorprendió a mediados de agosto de este año tan atípico, la presentación en el Albertia que organiza Eusko Ekintza, este año también Jarki, de la iniciativa Jardun.

El conjunto en Albertia el ano pasado (Photo: D.Breatnach)

Ha pasado dos meses y he tenido una conversación de un representante de Jardun para que nos explique en qué consiste esta iniciativa, cuales son sus objetivos y si ha logrado avanzar en este mes escaso

Bueno… la verdad que fue sorprendente, la noticia de la aparición de este iniciativa… la primera pregunta es obvia… ¿Qué es Jardun?

Jardun es un proyecto político nuevo que surge en forma de coordinadora para llenar un vacío que existe en la izquierda independentista revolucionaria de Euskal Herria. Pretende agrupar a todos los militantes y organizaciones nacionales y locales que luchan por una Euskal Herria independiente, socialista, euskaldun y reunificada. Entendiendo que la independencia pasa por la conformación de un estado socialista vasco. Entendemos que para la consecución de dichos objetivos es necesario que cada organización que conforma Jardun, dentro de su espacio de actuación pero respetando su autonomía, funcionen enmarcadas dentro de una estrategia común que sea la plasmación de un proyecto político que responda a las necesidades de la clase trabajadora de Euskal Herria. Tenemos como principios el internacionalismo, la defensa del medio ambiente, la amnistía y la consecución de una sociedad sin clases y sin opresión de género que van todas de la mano, pues, el no luchar contra todas las opresiones puede perpetuar alguna de ellas y eso para nosotros no es una opción.

Se trata de una iniciativa que han lanzado Eusko Ekintza y Jarki… Un poco, ¿Qué tipo reflexiones habéis hecho común para llegar a estar conclusiones que comentas?

Lo que nos ha llevado a configurar la coordinadora Jardun es que las dos organizaciones que lo hemos conformado advertíamos que había una carencia en cuanto a una alternativa revolucionaria en Euskal Herria. Llevamos algo más de un año reuniéndonos y reflexionando conjuntamente ante el estado de colapso en que se encontraba el movimiento revolucionario vasco. Esto unido a la situación de desmovilización y alienación generalizada en la que se encuentra sumido Euskal Herria y al cierre del ciclo político anterior hace necesario poner en marcha un proyecto político independentista con perspectiva de clase y coherente. Pero más allá de la reflexión de por qué han ocurrido las cosas que han ocurrido durante décadas y han desembocado en la actual situación, lo que nos ha impulsado a dar este paso es la necesidad de ofrecer al Pueblo Trabajador Vasco una alternativa política integral, con vocación para avanzar de una manera real hacia los objetivos mencionados anteriormente. Para ello, necesitamos dotarnos de los instrumentos políticos y organizativos necesarios. Y es por eso que debemos tener la verdadera determinación y el convencimiento de que los objetivos son posibles si conseguimos activar a los sectores más concienciados del Pueblo Trabajador Vasco.

¿Hasta ahora que respuesta ha tenido vuestra iniciativa por los diferentes colectivos de Euskal Herria y que no están de acuerdo con las posiciones de la Izquierda Abertzale, llamémosla “oficial”

En estos momentos Jardun se compone de Eusko Ekintza y la organización revolucionaria Jarki a nivel nacional y de las iniciativas populares Bultza Herri Ekimena en la zona de Bilbo y Askatasun Haizea Herri Ekimena en Busturialdea. Seguimos buscando burkides para este proyecto y estamos encontrando gran receptividad por parte de diferentes grupos con los que estamos abriendo conversaciones y eso es ilusionante y muestra del la linea seguir. Sin duda en los próximos meses y años más grupos se sumarán a Jardun ampliando la base de este nuevo proyecto por la independencia y el socialismo dentro de una izquierda independentista renovada.

En el caso de Eusko Ekintza, ha tenido recientemente una experiencia unitaria, que por decirlo de una manera suave habrá salido trasquilada, me refiero a su experiencia dentro de Herritar Batasuna, en el caso de Jarki, es un colectivo nuevo de reciente aparición. ¿Han tenido muchas dificultades para llegar a acuerdos? ¿Han puesto encima de la mesa que tipo de comportamientos no van a aceptar para que esto vaya a buen puerto?

Las dos organizaciones tenemos recorridos diferentes, cada uno desde su propia realidad, pero nos une la voluntad de articular una alternativa lo suficientemente amplia y plural, dentro de las líneas rojas que nos marcamos, para que el movimiento revolucionario de este país pueda ir creciendo hasta convertirse en una fuerza política determinante de cara a conseguir la independencia y el socialismo. Para ello sobran los dirigentismos, los sectarismos, el buscar enemigos entre los burkides más cercanos a tu proyecto o el intentar construir una alternativa política a la reacción o a la contra de lo que hacen el resto de fuerzas políticas existentes en Euskal Herria. Nosotros luchamos contra la opresión nacional y social de los estados español y francés, el capital y sus gestores socio-políticos.

¿A que perfil militante va dirigida esta iniciativa?

A individuos y organizaciones nacionales, sectoriales o locales que compartan, las bases ideológicas y organizativas recogidas en el documento “Txinparta” (que es el documento base de trabajo para las organizaciones que conformamos Jardun), y que quieran sumarse, de una manera estratégica, para construir un verdadero movimiento capaz de avanzar de una manera real desde la sinceridad, la lealtad y el trabajo conjunto.

De los agentes vascos que se mueven en las coordenadas revolucionarias y abertzales que citáis… ¿Pensáis que se sumara alguno más, aparte de los que ya han dicho públicamente, en redes que aplauden la iniciativa? ¿Os vais a dirigir a ellos?

Además de los grupos que ya te hemos citado, continuamos y continuaremos reuniéndonos con toda nuestra determinación con diferentes grupos y colectivos para que Jardun siga creciendo en los próximos meses y años.

Supongo que con la Izquierda Abertzale “oficial” no tenéis ningún contacto y que no estará interesada en esta iniciativa

Evidentemente si nosotros estamos construyendo esta iniciativa es porque constatamos que el espacio socio-político del socialismo independentista revolucionario no está ni estructurado ni representado hoy en día. La militancia de Sortu ha hecho su propia elección política y nosotros no tenemos nada que decir al respecto puesto que no somos, ni parte, ni disidencia de lo que hoy en día se define como Izquierda Abertzale.

Ya para terminar… Destruir es muy fácil, construir es muy complicado… ¿Pensáis que esta iniciativa abrirá por fin un periodo en el cual haya una herramienta organizativa en nuestro pueblo para lograr sus objetivos históricos de Independencia y Socialismo?

Precisamente para eso constituimos Jardun, pero a la vez somos muy realistas en que construir una alternativa independentista y socialista amplia, eficiente y potente no se consigue de la noche a la mañana. Por eso, es muy importante ir avanzando de una manera firme, con las cosas claras y sin crear falsas imágenes de lo que no se es, pero haciendo llegar a todo el Pueblo Trabajador Vasco lo que sí somos por encima de los cordones sanitarios, bloqueos mediáticos y el boicot que algunos pretenden promover contra esta alternativa ilusionante.

Bueno… pues nada más. Estaremos atentos y atentas a los siguiente pasos que se vayan dando y que ojala conduzcan a ese objetivo…que nuestro pueblo entre vosotros y muchos más se organice y logre sus objetivos históricos

Sí, los objetivos históricos de nuestro pueblo y de nuestra clase.

TRECE ROSAS …. Y 43 CLAVELES

MILICIANAS 2

RAFAEL NARBONA
(originalmente publicado en su blog Agosto 2013)

(Encabezemientos por Rebel Breeze)
(versión traducido al inglés aquí https://rebelbreeze.wordpress.com/2014/03/28/thirteen-roses-and-43-carnations/)

La madrugada del 5 de agosto de 1939 fueron fusiladas trece mujeres en las tapias del Cementerio del Este de Madrid.

Nueve eran menores de edad, pues en aquellas fechas la mayoría no se alcanzaba hasta los 21. Con edades comprendidas entre los 18 y los 29, todas procedían de la cárcel de mujeres de Ventas, una prisión que fue concebida para 450 personas y que en 1939 albergaba a 4.000.

Salvo Blanca Brisac Vázquez, todas pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) o al PCE. Aunque no habían participado en el atentado que costó la vida a Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, se las acusó de estar implicadas y de conspirar contra “el orden social y jurídico de la nueva España”. El juicio se celebró el 3 de agosto y se dictaron 56 penas de muerte, que incluían a los autores materiales del atentado. Las Trece Rosas acudieron a su ejecución con la esperanza de reencontrarse con sus compañeros de las JSU. En algunos casos se trataba del novio o el marido, pero sus expectativas se desmoronaron al saber que ya habían fusilado a los hombres.

conesa

La tapia de ladrillo visto mostraba claramente los agujeros de bala y la tierra se había vuelto negra por culpa de la sangre derramada. Algunos días, el número de  víctimas superaba los dos centenares y se empleaban ametralladoras para facilitar el trabajo. Entre 1939 y 1945 se fusiló a 4.000 personas en el Cementerio del Este, incluido Julián Zugazagoitia, Ministro de la Gobernación con Juan Negrín y notable escritor y político socialista.

Según María Teresa Igual, testigo presencial y funcionaria de prisiones, las Trece Rosas murieron con entereza. No se produjeron gritos ni súplicas. En mitad de un silencio sobrecogedor, sólo se escuchaban los pasos del piquete de ejecución, el sonido de los fusiles al chocar contra los correajes y la voz del oficial al mando. Alineadas hombro con hombro, todas recibieron un tiro de gracia después de la  descarga, que se oyó nítidamente en la cárcel de mujeres de Ventas. Al parecer, una de las condenadas (no sé sabe si Anita o Blanca), no murió en el acto y gritó: “¿Es que a mí no me matan?”

Antonia Torre Yela se libró de la ejecución por un error mecanográfico. Al transcribir su nombre, bailaron las letras y se convirtió en Antonio Torres Yera. El error sólo aplazó el fin de Antonia, militante de las JSU y con sólo 18 años. Fue fusilada el 19 de febrero de 1940, transformándose en la “Rosa” número 14.

En su carta de despedida, Julia Conesa, diecinueve años y afiliada a las JSU, escribió: “Que mi nombre no se borre de la historia”. Su nombre y el de sus compañeras no ha caído en el olvido, pero sí el de sus verdugos, que disfrutaron de la impunidad de 38 años de dictadura y de una vergonzosa amnistía que sólo contribuyó a profundizar el agravio de todas las víctimas del franquismo.

El PSOE intentó apropiarse de las Trece Rosas, ocultando que en el momento de la ejecución ya se había desligado de las JSU para fundar las Juventudes Socialistas de España (JSE), con el propósito de manifestar su alejamiento del PCE. De hecho, la Ley de Memoria Histórica del gobierno de Rodríguez Zapatero ni siquiera se planteó anular los juicios de la dictadura.

Conviene recordar que ese triste 5 de agosto se fusiló además a casi medio centenar de hombres, los 43 Claveles. El franquismo mostró la misma crueldad con hombres y mujeres.

Un infierno

De hecho, la cárcel de Ventas era un infierno, con menores, ancianas y madres con hijos, hacinadas en pasillos, escaleras, patios y baños. Manuela y Teresa Guerra Basanta fueron las primeras mujeres ejecutadas en las tapias del Cementerio del Este. Se las fusiló el 29 de junio de 1939, con un centenar de hombres. Algunos historiadores sostienen que otras mujeres las precedieron, pero sus nombres no figuran en los archivos del cementerio.

Al igual que otras condenadas a muerte, las Trece Rosas sólo pudieron escribir a sus familias después de confesarse. Si no lo hacían, perdían la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.

Blanca Brisac era la mayor de todas y no militaba en ninguna organización política. Era católica y votaba a la derecha, pero se enamoró de un músico que pertenecía al PCE, Enrique García Mazas. Se casaron y tuvieron un hijo. Ambos fueron detenidos y condenados a muerte en el mismo proceso. De hecho, Enrique se hallaba en la Cárcel de Porlier y sería fusilado unas horas antes. Blanca le escribió una carta a su hijo Enrique, pidiéndole que no guardara rencor hacia los responsables de su muerte y que se convirtiera en un hombre bueno y trabajador.

MILICIANAS 3

En el Madrid de la posguerra, se persiguió con saña y encono a cualquier ciudadano sospechoso de “adhesión a la rebelión”, el tecnicismo jurídico que se empleó para invertir la ley, acusando a los partidarios de la Segunda República de atentar contra la legalidad vigente. Sólo los militares, los curas, los falangistas y los requetés podían respirar tranquilos. Ya nadie se atrevía a pasear con un mono de obrero o un pañuelo castizo. La ciudad era una enorme cárcel donde se ejercía la “caza del rojo”.

Las antiguas milicianas despertaban una especial inquina. En el diario Arriba, el 16 de mayo de 1939 aparece un artículo de José Vicente Puente, que no escatima palabras de desprecio: “Una de las mayores torturas del Madrid caliente y borracho del principio fue la miliciana del mono abierto, de las melenas lacias, la voz agria y el fusil dispuesto a segar vidas por el malsano capricho de saciar su sadismo. En el gesto desgarrado, primitivo y salvaje de la miliciana sucia y desgreñada había algo de atavismo mental y educativo. […] Eran feas, bajas, patizambas, sin el gran tesoro de una vida interior, sin el refugio de la religión, se les apagó de repente la feminidad”. En ese clima de odio y venganza, proliferaban las denuncias, pues eran el mejor recurso para demostrar la adhesión al Movimiento.

Torturas copiadas de la Gestapo

Los interrogatorios en las comisarías se basaban en torturas copiadas de la Gestapo: descargas eléctricas en los ojos y los genitales, la bañera, extracción de las uñas con alicates, simulacros de ejecución. Las mujeres sufrían especialmente, pues a las torturas se sumaban las vejaciones sexuales, el aceite de ricino y el corte del pelo al cero. En algunos casos, se les afeitaban incluso las cejas para despersonalizarlas aún más. Las violaciones eran moneda corriente. Es particularmente escalofriante el testimonio de Antonia García, de dieciséis años, “Antoñita”: “Me quisieron poner corrientes eléctricas en los pezones, pero como no tenía apenas pecho me los pusieron en los oídos y me saltaron los tímpanos. Ya no supe más. Cuando volví en mí estaba en la cárcel. Estuve un mes trastornada”.

Entre los responsables de los interrogatorios, se encontraba el general Gutiérrez Mellado, héroe de la Transición y capitán del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) durante los años más duros de la posguerra. Solía ser un testigo habitual de las ejecuciones, buscando confesiones de última hora. De hecho, el 6 de agosto de 1939 sacó de la hilera de condenados a Sinesio Cavada Guisado, “Pionero”, jefe militar de las JSU al acabar la guerra. “Pionero” había sido alineado en la tapia del Cementerio del Este y esperaba la descarga de plomo con el resto de sus compañeros. Gutiérrez Mellado se adelantó y ordenó su liberación. Le obligó a presenciar el fusilamiento y le pidió más información sobre la actividad clandestina del PCE. Aunque se mostró colaborador y diligente, el 15 de septiembre sería finalmente fusilado. Algunos afirman que Gutiérrez Mellado presenció la ejecución de las Trece Rosas, pero no he conseguido verificar el dato.

MILICIANAS 4

La cárcel de mujeres de Ventas estaba dirigida por Carmen Castro. Su intransigencia y falta de humanidad se reflejaba en las condiciones de vida de los niños encarcelados con sus madres. Sin jabón ni medidas de higiene, casi todos tenían tiña, piojos y sarna. Muchos morían y eran depositados en una sala, donde las ratas intentaban devorar los restos. Adelaida Abarca, militante de las JSU, afirma que los cadáveres sólo eran huesos y piel, casi esqueletos, pues el hambre los había consumido poco a poco. Otra reclusa afirma: “La situación de los niños era enloquecedora. También estaban muriendo y muriendo con un sufrimiento atroz. Tengo clavadas sus miradas, sus ojitos hundidos, sus quejidos continuos y su olor pestilente” (Testimonio recogido por Giuliana Di Febo en Resistencia y movimiento de Mujeres en España [1936-1976], Barcelona 1979).

Las presas convivían con la “pepa”, la pena de muerte. Desde la ejecución de las hermanas Guerra Basanta, sabían que el régimen no tendría misericordia con las mujeres. La madrugada en que fusilaron a las Trece Rosas se hallaba en la puerta de la cárcel la madre de Virtudes González. Cuando vio cómo subían a su hija al camión que trasladaba a las reclusas a las tapias del cementerio, comenzó a gritar: “¡Canallas! ¡Asesinos! ¡Dejad a mi hija!”. Corrió detrás del camión y cayó de bruces. Alertadas por el escándalo, las funcionarias de la cárcel de Ventas salieron al exterior y la recogieron del suelo, introduciéndola en la prisión. Quedó ingresada como una reclusa más.

“Si yo hubiera tenido dieciséis años también me habrían fusilado a mí”

No fueron menos dramáticos los reiterados intentos de Enrique de averiguar el paradero de sus padres, Blanca Brisac y Enrique García Mazas. En una entrevista con el periodista Carlos Fonseca, autor del ensayo histórico Trece Rosas Rojas (Madrid, 2005), Enrique cuenta sus amargas peripecias: “Yo tenía once años cuando fusilaron a mis padres y mi familia trató de ocultármelo. Me decían que habían sido trasladados de prisión y por eso no podíamos ir a verlos, hasta que un día fui decidido a las Salesas y allí un Brigada de la Guardia Civil me dijo que los habían fusilado, y que si yo hubiera tenido dieciséis años también me habrían fusilado a mí, porque las malas hierbas había que arrancarlas de raíz. Mi abuela y mis tías, hermanas de mi madre, con quien estaban enemistadas, llegaron a decirme que si Franco había matado a mis padres sería porque eran unos criminales. Incluso me ocultaron durante casi veinte años la carta de despedida de mi madre”.

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No voy a terminar este artículo invocando la reconciliación, pues la Transición no se basó en la reparación del dolor de las víctimas, sino en la absolución de los verdugos. De hecho, la Reforma de la dictadura fue diseñada por criminales tan abyectos como Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa y José María de Areilza. Martín Villa ocultó y destruyó documentos para enterrar los crímenes del franquismo y organizó la guerra sucia contra anarquistas e independentistas vascos, catalanes y canarios desde su cargo de Ministro de la Gobernación entre 1976 y 1979. Entre sus hazañas, hay que mencionar el caso Scala (un atentado atribuido a la CNT que causó la muerte de cuatro trabajadores), el intento de asesinato del líder independentista canario Antonio Cubillo, el ametrallamiento de Juan José Etxabe, dirigente histórico de ETA, y su esposa Rosario Arregui (que murió a consecuencia de once balazos), y el asesinato de José Miguel Beñaran Ordeñana, “Argala”.

La impunidad de los verdugos

Ahora es un empresario de éxito, que se emociona hablando de su papel en la Transición. Vive tranquilamente y nadie ha planteado su enjuiciamiento. Su ejemplo es una muestra elocuente de la impunidad de los verdugos, que siguen escribiendo la historia, mientras demonizan a los que se atrevieron a resistir contra las miserias de la dictadura y de una falsa normalización democrática.

No se ha hecho justicia. Por eso, es absurdo hablar de reconciliación, pues nadie ha pedido perdón ni se ha reparado el daño causado. El franquismo cometió un genocidio, pero hoy mismo Manuel González Capón, alcalde de Baralla (Lugo) por el PP, se atrevía a declarar que “los que fueron condenados a muerte por Franco se lo merecían”.

El Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, costeado con casi siete millones de euros de fondos públicos, afirma que Franco “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”, pese a que en el Discurso de la Victoria el propio Franco afirmó que “un estado totalitario armonizará en España el funcionamiento de todas las capacidades y energías del país…”. El actual Estado español no es un escenario de reconciliación, sino de humillación de las víctimas y de la sociedad, obscenamente manipulada por unos medios de comunicación (ABC, El País, El Mundo, La Razón) que desempeñan un papel semejante a los periódicos de la dictadura (ABC, Arriba, Ya, Pueblo, Informaciones, El Alcázar), encubriendo y justificando los casos de torturas y aplaudiendo las medidas antisociales que no cesan de restar derechos a la clase trabajadora.

No recordamos a las Trece Rosas por su pasividad y sumisión, sino por su coraje y determinación. Salvo Blanca, atrapada por las circunstancias, todas eligieron luchar por la revolución socialista y la liberación de la mujer. Creo que si hoy pudieran alzar su voz, no hablarían de indignación y desobediencia pacífica, sino que pedirían un fusil para ocupar la vanguardia de un nuevo frente antifascista, capaz de frenar los crímenes del neoliberalismo. No malogremos su ejemplo, olvidando su condición de revolucionarias que inmolaron sus vidas por un mundo menos injusto y desigual.

rosario dinamitera

 Agosto 2013