¿CÓMO PUEDE UN PUEBLO DERROTAR A UN INVASOR MÁS FUERTE O A UNA POTENCIA OCUPANTE?

Diarmuid Breatnach

Noviembre de 2012 (ligeramente revisado enero 2014)

(Originalmente in inglés y traducido por

Miguel Huertas)

PRESENTACIÓN

La pregunta de cómo una nación sería capaz de derrotar a una potencia imperialista o colonial más fuerte que ha invadido su territorio ha ocupado la mente de muchos revolucionarios – principalmente demócratas patriotas (en Irlanda, “republicanos”) y socialistas. La Historia mundial nos muestra algunas victorias en esta lucha, como la de los vietnamitas contra EEUU. No obstante, también muestra victorias parciales, en las que el poder colonial fue forzado a retirarse pero los nuevos gobernantes del país entregan la independencia que ya tenían en sus manos y se convierten en clientes del antiguo poder colonial o en una nueva potencia imperialista.

La historia de la lucha por el socialismo y la de liberación nacional, separada pero conectada de numerosas maneras, nos a entregado muchos ejemplos de los que extraer lecciones generales que puedan ser aplicadas a las luchas de la misma naturaleza en el presente, el pasado, y el futuro.

 

VIETNAM

Los vietnamitas tenían a los franceses prácticamente derrotados cuando fueron invadidos por los japoneses, quienes al perder la Segunda Guerra Mundial tuvieron que devolver la mitad del territorio a los franceses, que a su vez se lo entregaron a EEUU, la nueva superpotencia imperialista que había emergido de la Guerra.

Los vietnamitas, en un país que es más pequeño que el Estado de Virginia, combatieron contra EEUU durante otros veinte años, sufriendo tremendos daños y finalmente derrotándoles. Estados Unidos contaba con el ejército mejor equipado del mundo, con la economía más poderosa y una tecnología en constante desarrollo, con una gran población de la que movilizar soldados y un gran presupuesto militar. Y aun así los vietnamitas vencieron.

Vietnamese guerrillas -- the guerilla forces and the North Vietnamese Army together defeated the huge superpower the USA
Guerrilleras vietnamitas — las fuerzas guerilleras y el Ejército Norte Vietnames juntos derrotaron a la gran superpotencia los EEUU.

Por supuesto que estaban luchando por su tierra natal, por supuesto que eran valientes, inteligentes y se adaptaban. Pero esas virtudes, por sí solas, podrían no haber sido suficientes. Tenían otros factores a su favor. Ya tenían liberado la mitad del país (Vietnam del Norte), y EEUU no podía invadir ese territorio sin arriesgarse a que China o incluso la Unión Soviética entrasen en conflicto directo con ellos. Esa parte del país permaneció durante muchos años como una retaguardia segura para los vietnamitas que combatían en las filas de la guerrilla del Viet Cong, y para los soldados regulares del Ejército de Vietnam del Norte, de quienes podían conseguir armas y otros materiales.

En el área de las relaciones internacionales, los vietnamitas tenían el respaldo de la República Popular de China, que podía aprovisionar les con armas y equipo.

En política internacional, todas las fuerzas anti-imperialistas les apoyaron, aislando a EE.UU. políticamente. Ese hecho, combinado con la tasa de mortalidad de los soldados estadounidenses junto con la progresiva radicalización de la juventud, creó un poderoso movimiento contra la guerra imperialista dentro de los propios Estados Unidos que jugó un papel importante minando la moral del personal militar de EEUU destinado en Vietnam.

A powerful movement of opposition to the Vietnam War within the USA itself
Un movimiento potente de oposición a la Guerra de Vietnam dentro del mismo EE.UU.

Los vietnamitas también tenían el apoyo del régimen laosiano y de potentes fuerzas anti-imperialistas en Camboya, quienes proporcionaban pertrechos y rutas de escape alternativas para la guerrilla vietnamita.

El territorio de Vietnam es montañoso, con valles y planicies cubiertas de junglas y arboledas de bambú o con “pasto elefante”, una hierba de altura superior a una persona. Escondía perfectamente a la guerrilla y a unidades regulares del ejército.

Vietnamese liberation forces tank crashes through the gates of the US Embassy in Saigon as liberation forces take the city from the US puppet regime after US forces left
Tanque de las fuerzas de liberación vietnamitas rompe la puerta de la Embajada de los EE.UU. en Saigon tras las fuerzas de liberación tomar la ciudad desde el régimen títere de EE.UU. después de que las fuerzas estadounidenses se fueron

Y, quizá crucialmente, el monopolio capitalista de EE.UU. podía permitirse perder la parte sur del Vietnam – no estaba integrado en su territorio, ni siquiera en su “patio trasero” (como suelen pensar de América Latina). La pérdida les costó prestigio, algo importante para una superpotencia mundial, así como moral en su propio país. Su clase dominante estaba decidida a no perder, y combatieron duramente para ganar, pero las consecuencias políticas y las bajas eran tan elevadas que otro sector de esa clase optaba por abandonar. Ése es el verdadero motivo del escándalo Watergate y de la acusación del presidente Nixon.

 

IRLANDA

Irlanda ya no es un país boscoso, y tiene muchas más zonas urbanizadas que Vietnam; no tiene una zona liberada que le sirva de apoyo (el Estado de los 26 condados o “República de Irlanda” es hostil a cualquier movimiento anti-imperialista en su territorio), ni tiene países vecinos que quieran prestar ayuda o hacer la vista gorda ante el uso de su territorio. Tampoco tiene un buen proveedor de armamento (en realidad, el único fue brevemente la Libia de Gadafi). Además, no sólo Irlanda es considerada el “patio trasero” de Gran Bretaña, sino que la isla entera ha sido considerada como un parte integral del “Reino Unido”, la base del monopolio capitalista británico.

Pero ha habido y hay otros factores que el movimiento anti-imperialista irlandés puede usar en su favor, que serán examinados aquí en el contexto de las luchas anti-imperialistas del país en el último siglo.

Primero sería útil echar un vistazo a un breve resumen histórico de las luchas irlandesas contra el colonialismo y el imperialismo pero, por ser caso que el lector ya conocía bien esa historia, lo hemos puesto en apéndice al final.

¿Cuáles fueron las opciones de las fuerzas irlandesas de liberación nacional en algunos momentos del siglo pasado?

Siempre es más fácil juzgar a los actores y las acciones del pasado, pero es necesario hacerlo para permitir que las acciones pasadas nos enseñen a la hora de llevar a cabo las acciones del presente y del futuro. Las examinadas aquí son las opciones, elecciones, y consecuencias, del

  • Alzamiento de Pascua de 1916,

  • y la Guerra guerrillera de La Independencia de 1919-1921

  • y la guerra de 30 años 1971-1998.

El Alzamiento de Pascuas 1916

En 1914 había empezado la Primera Guerra Mundial imperialista, y para 1915 la escala de la matanza era enorme. Los socialistas revolucionarios (en oposición a los partidos socialdemócratas que habían elegido apoyar a sus burguesías nacionales), querían una insurrección que detuviera la carnicería y también brindara una oportunidad a la revolución socialista – en este sector se encontraban James Connolly y el Partido Socialista Republicano Irlandés, que colocaron en la azotea del edificio de su sindicato una enorme pancarta que rezaba: ¡NI REY NI KAISER!

También 1914 era un año después de que el Sindicato Irlandés de Transportes y Trabajadores Generales, una escisión de un sindicato británico, tratase de romper el cierre patronal de Dublín durante ocho meses. Durante ese cierre patronal, el sindicato había formado su propia milicia –el Ejército Ciudadano Irlandés– para defenderse de los violentos ataques de la policía, y tal organización continuó existiendo pese al fin del cierre patronal.

Los nacionalistas revolucionarios demócratas, es decir republicanos, también vieron la oportunidad de luchar por la libertad mientras el ocupante colonial-imperialista estaba luchando contra otras potencias imperialistas. También pensaron que aquellas naciones que hubiesen ganado su independencia o al menos demostrado con fuerza su deseo de ser independientes verían su derecho de autodeterminación ratificado por las potencias emergentes tras la Guerra.

Los nacionalistas constitucionales, por otro lado, la mayoría se apresuraron a mostrar su apoyo por sus amos coloniales y, en el caso de Irlanda, reclutaron a sus compañeros para que se unieran a la carnicería de los campos de batalla.

En Irlanda, la sociedad secreta revolucionaria Hermandad Republicana Irlandesa y las organizaciones de los Voluntarios Irlandeses (que los anteriores controlaban tras la escisión de los Voluntarios Nacionales Irlandeses, de cual muchos se unieron al ejército británico), junto con la organización de mujeres Cumann na mBan y la organización juvenil Na Fianna Éireann, unieron sus fuerzas a la del Ejército Ciudadano (según Lenin, dicen: “El primer Ejército Rojo de Europa”) en una insurrección armada contra el dominio británico. Principalmente tuvo lugar en Dublín en 1916 y duró una semana. Después de que los rebeldes se rindieran ante las superiores fuerzas británicas, la mayoría fueron enviados a campos de concentración junto con otros que fueron arrestados y condenados sin juicio. Casi todos los líderes del Alzamiento fueron ejecutados por pelotones de fusilamiento.

Planes para el Alzamiento

Hubo ciertos elementos en el plan del Alzamiento que merece la pena considerar. La insurrección había sido planeada en secreto, no sólo de cara a las autoridades, sino también de cara a ciertos líderes de los Voluntarios Irlandeses, incluido su comandante. Estaba planeado para ser una insurrección a nivel nacional, y también se había contado con que la Alemania Imperial, en guerra con el Imperio Británico, aprovisionara al levantamiento con armas y municiones.

La primera parte del plan en fallar fue la dificultad de encontrarse, por cambio de destino, con el buque alemán para coger las armas y llevarlas a tierra firme, y su posterior descubrimiento por parte de los británicos, resultando en la captura de la tripulación (después de hundir el barco) y de Roger Casement, el agente de los Voluntarios Irlandeses que viajaba con ellos.

Lo segundo en desmoronarse fue el secretismo interno y que, cuando el comandante de los Voluntarios Irlandeses supo del Alzamiento y del fracaso al obtener las armas alemanas, canceló las “ marchas y maniobras ” planeadas para el Domingo de Pascua, que eran el código para la movilización de los rebeldes. El Alzamiento comenzó en el Lunes de Pascua, pero tan sólo con un millar de hombres y mujeres movilizados en Dublín, muchos menos efectivos en los condados Meath, Galway y Wexford y sin comunicación entre esas fuerzas a excepción del mensajero, un proceso que tardaba días.

En Dublín, las fuerzas rebeldes fueron desplegadas débilmente y no fueron capaces de tomar ciertos edificios importantes, como el Castillo de Dublín, sede del poder colonial desde la invasión de los normandos (que además tenía en su interior a los dos oficiales británicos más importantes destinados en Irlanda), y el Trinity College, que establecía el canon para la altura de los edificios y desde cuya azotea los francotiradores británicos hostigaban a los insurgentes, matando a algunos de ellos (a parecer, la toma de este edificio no era parte del plan original).

El plan original del Alzamiento ha sido analizado por varias autoridades –algunas de ellas militares, y se ha debatido sobre él largo y tendido.

Sin embargo, una movilización de efectivos que puede ser cancelada o muy debilitada por una sola persona, que además no es parte del plan pero puede suponerse que se enterará tarde o temprano, es una debilidad monumental. Si tal acuerdo es contemplado, al menos se debe tener un plan alternativo en caso de que esa persona decida echar abajo la operación, y que cuente además con líneas de comunicación rápida entre las diversas unidades que se quieren movilizar.

Otra debilidad del plan es no haber bloqueado el río Liffey (por ejemplo, hundiendo barcos en él), lo que permitió a un acorazado británico navegar cauce arriba y bombardear la ciudad. Se dice que James Connolly, comandante del Ejército Ciudadano, había pensado que los británicos no llegarían a los extremos de destruir propiedades capitalistas. Esto no fue finalmente un factor fundamental, pues los británicos emplearon también otros cañones para atacar Dublín… pero podría haberlo sido.

También parece que no hubo planes para la destrucción de puentes o vías de ferrocarril, probablemente debido a que se había contado con esas vías de comunicación en el plan original de movilización de los insurgentes.

¿Podría haber sucedido?

Pero incluso contando con estos elementos y con una supuesta movilización total de efectivos, ¿qué probabilidades de éxito tenía el Alzamiento? Irlanda es una isla, y la superioridad naval de las fuerzas británicas hubiese permitido que desembarcasen tropas a voluntad en prácticamente cualquier lugar, aunque es cierto que en ese momento el Imperio Británico estaba combatiendo a otras potencias imperialistas y había comprometido la mayor parte de sus efectivos en esa lucha. Pero, ¿es probable que estuviesen dispuestos a sacrificar una posesión tan cercana a su tierra natal, que es una parte misma del Reino Unido, y además tan cerca de su flanco occidental? ¿No es más probable que hubiesen decidido perder un territorio más alejado?

Lo más seguro es que, en el caso de haberse dado un alzamiento exitoso en la mayor parte de Irlanda, los británicos hubiesen respondido con el desembarco de tropas en varios lugares del territorio y, aunque sin duda tras cruentos combates, hubiesen tomado todas las ciudades controladas por los insurgentes. Hubiesen salido victoriosos porque eran superiores numéricamente, en armamento, en entrenamiento, y en poder naval y aéreo (de los cuales los insurgentes carecían por completo), y porque hubiesen estado combatiendo en una guerra convencional en la cual estos elementos son cruciales.

Después, se hubiesen desplazado de esas ciudades insurgentes al medio rural de los alrededores para eliminar a las unidades rebeldes aún en activo. En ese tipo de operaciones hubiesen tenido el apoyo de la policía y las fuerzas armadas cuartelizadas allí que no hubiesen sido capturadas por los insurgentes, y de las milicias lealistas (de número substancial en la parte norte del país). El control británico de los mares hubiese prevenido que los insurgentes irlandeses se beneficiasen de cualquier ayuda extranjera.

El coste para los británicos hubiese sido elevado: tanto en la ventaja que hubiesen tenido sus enemigos en la guerra como en consecuencias políticas y quizá en la moral de sus propias tropas. ¿Pero quién puede dudar que se hubiesen arriesgado a todo ello?

O'Connell St (then Sackvill St) from the Bridge looking north-eastwards.  Destruction by bombardment of a major UK city shows determination of the British to crush the Rising.
La calle O’Connell (entonces la de Sackville) desde el Puente mirando hacia el noreste. La destrucción por bombardeo del centro de una mayor ciudad del Reino Unido (como lo era entonces) muestra la determinación por los británicos de aplastar el Alzamiento.

Incluso podrían simplemente haber tomado las ciudades en manos de los insurgentes y haber asegurado que el norte del país permanecía leal hasta después de la guerra, y entonces haberse ocupado de los insurgentes que quedasen con más tranquilidad.

Lo que realmente ocurrió, como sabemos, fue que el Alzamiento fue derrotado en una semana, se declaró la ley marcial, los principales líderes fueron ejecutados, y se produjeron subsiguientes redadaspor todo el país, así como arrestos e prisión sin juicio.

La Guerra de la Independencia y el alejamiento de los objetivos marcados

Tres años más tarde, los nacionalistas revolucionarios volvieron a la lucha armada, esta vez sin milicias obreras ni un liderazgo socialista efectivo como aliados, y comenzaron una estrategia de lucha política combinada después con ataques de guerrilla en zonas rurales que pronto se extendieron a ciertas zonas urbanas (principalmente las ciudades de Dublín y de Cork).

La lucha política movilizó a miles de personas y también resultó en una mayoría absoluta en Irlanda de su partido en las elecciones generales (en Reino Unido, del que Irlanda era parte). La lucha en Irlanda y la respuesta británica estaba generando mucho interés y comentarios críticos en círculos políticos, intelectuales y artísticos de la propia Gran Bretaña. Además, por el mundo, muchos revolucionarios, socialistas y nacionalistas, estaban obteniendo inspiración de esa lucha anti colonial tan feroz, que tenía lugar tan cerca de Inglaterra, dentro del propio Reino Unido.

El desmantelamiento por parte de las fuerzas nacionalistas, mediante amenazas y acciones armadas, de la red de control de la policía colonial británica, que consecuentemente también desmanteló la mayoría del servicio de Inteligencia de contra insurrección, llevó a los británicos a formar dos nuevos cuerpos especiales que ayudasen a combatir la insurrección irlandesa. Estas dos fuerzas se ganaron a pulso una siniestra reputación, no sólo entre los nacionalistas sino también entre los lealistas pro-británicos.

Estas fuerzas especiales de paramilitares policiales recurrieron cada vez más y más a la tortura, el asesinato y el incendio provocado pero, no obstante, en ciertas zonas de Irlanda como Dublín, Kerry y Cork, tuvieron que ser reforzados con soldados británicos regulares dado que no eran capaces de combatir de forma efectiva a los insurgentes, que se volvían más confiados, más decididos y más experimentados cada semana que pasaba.

Sin embargo, dos años después del comienzo de la guerra de guerrillas, una mayoría dentro del liderazgo del movimiento nacionalista revolucionario apostó por la partición del país, con cierta independencia para una de las partes, siempre dentro de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

Se ha debatido mucho acerca de los eventos que condujeron a este momento. Se suele decir que el Primer Ministro británico Lloyd George chantajeó a la delegación diplomática irlandesa con la amenaza de “una guerra terrible y total” si no aceptaban el acuerdo. La delegación fue forzada a responder a la propuesta sin tener la posibilidad de consultar a sus camaradas.

Algunos dicen que el Presidente del partido político nacionalista, Éamonn de Valera, envió a un delegado sin experiencia política, Michael Collins, sabiendo que acabaría aceptando un mal trato, del cual De Valera pudiese distanciarse.

Michael Collins, encargado del abastecimiento de las guerrillas, dijo posteriormente que les quedaban sólo unos pocos cargadores más para cada combatiente, y que el IRA, el ejército guerrillero, no podría combatir en el tipo de guerra con la que amenazaba Lloyd George. También dijo que ese Tratado era un paso adelante en la total independencia de Irlanda en un futuro próximo.

Ninguna de esas razones me parecen convincentes.

¿Cómo pudo el liderazgo de un movimiento en el punto álgido de su éxito derrumbarse de ese modo?

Desde luego, los británicos amenazaban con una guerra más dura, pero ya habían hecho amenazas antes, y el pueblo irlandés las había enfrentado sin miedo. Si el IRA se encontraba en tal difícil situación con respecto a las municiones (no estoy seguro de que exista ninguna prueba de ello aparte de la afirmación de Collins), hubiese sido una razón válida para reducir la actividad militar, no para retirarse y aceptar un Tratado cuando estaban tan cerca de conseguir aquello por lo que estaban luchando. El IRA era, después de todo, una guerrilla de combatientes voluntarios, la mayoría de ellos a tiempo parcial. Podría haberse retirado de las operaciones ofensivas y muchos de sus luchadores haberse mezclado con la población o, de ser necesario, haberse “dado a la fuga”.

Si la situación de los suministros militares de los nacionalistas irlandeses era tan terrible de cara al mejor equipo y experiencia de los soldados británicos, ¿realmente es eso lo único a tener en cuenta? Un ejército necesita más que armas y municiones para ir a la guerra, sino que hay otros factores que afectan a su habilidad y efectividad.

La situación precaria de los británicos

En 1919, al final de la Guerra, los británicos, aunque eran la parte victoriosa, estaban en una situación precaria. Durante la misma guerra había habido graves motines en el ejército (durante los cuales los oficiales y suboficiales habían muerto a manos de sus soldados), y cuando los soldados fueron desmovilizados de vuelta a la vida civil y sus viejas condiciones de vida, había una extendida insatisfacción. Las huelgas en la industria habían sido prohibidas durante la Guerra (aunque algunas se habían producido igualmente), y un movimiento de huela estaba ahora en marcha.

En 1918 y nuevamente en 1919, la policía se puso en huelga. También en 1919, los trabajadores del ferrocarril hicieron huelga, al igual que otros sectores, en una oleada que se llevaba organizando desde el año anterior. En 1918 las huelgas ya habían costado 6 millones en días laborales. Esta cifra se elevó a 35 millones de pérdidas en 1919, con una suma diaria de aproximadamente cien mil trabajadores en huelga.

Glasgow presenció en 1921 una huelga con piquetes de 6.000 personas que combatieron a la policía. La unidad local del ejército británico fue encerrada en sus cuarteles por sus propios oficiales, y unidades especiales armadas con ametralladoras, tanques y un obús, fueron movilizadas desde otras partes del país.

James Wolfe, en su trabajo ‘Motines en las Fuerzas Armadas Estados Unidienses y Británicas en el siglo XX’(Mutiny in United States and British Armed forces in the Twentieth Centuryhttp://www.mellenpress.com/mellenpress.cfm?bookid=8271&pc=9), incluye los títulos de los siguientes capítulos:

Workers pass an overturned tram during in Hackney, NE London, during the 1926 British General Strike.  In general, goods travelled through Britain with authorisation from the workers or under police and troop protection.
Trabajadores pasan un tranvía rompehuelgas volcado en Hackney, Londres NE, durante la Huelga General 1926. Por muchas partes, los bienes viajaron a través de Gran Bretaña con la autorización de los trabajadores o bajo escolta de protección policial o militar.

 

4.2 Los motines en el ejército en Enero/Febrero de 1919

4.3 El motín de ‘Val de Lievre’.

4.4 Tres motines en la Royal Air Force (Fuerza Aérea Real), Enero de 1919.

4.5 Motines en la Marina Real — Rusia, Febrero a Junio de 1919.

4.6 Los motines navales de 1919.

4.7 Disturbios de desmovilización 1918/1919.

4.8 Los disturbios del campamento de Kinmel Park 1919

4.9 “No es un país para héroes” – los disturbios de los veteranos en Luton.

4.10 El descontento en curso –Mediados de 1919 a Fin de Año.

El Gobierno británico temía que su policía fuese insuficiente a la hora de reprimir a los trabajadores, y preocupado sobre la confianza en su ejército si era usado de esa manera.

Ya se habían producido manifestaciones, disturbios y motines en las Fuerzas Armadas acerca de los retrasos en la desmovilización (y también en protesta al ser enviados a combatir la Revolución Bolchevique en Rusia).

Los demás lugares del Imperio Británico eran también inestables. Los árabes estaban enfurecidos ante la negativa británica de darle la libertad, tal y como habían prometido, a cambio de combatir a los turcos, y las rebeliones estallarían y se continuarían a lo largo de los siguientes años.

Los británicos también se estaban enfrentando al descontento en Palestina al estar re ubicando allí a judíos que habían comprado tierra árabe. Una rebelión contra los británicos tuvo lugar en Mesopotamia (actual Iraq) en 1918 y de nuevo en 1919. La Tercera Guerra Afgana se produjo en 1919; Ghandi y sus seguidores comenzaron su campaña de desobediencia civil en 1919 mientras que en la región Malabar de la India se levantó en armas contra el dominio británico en 1921.

Comunicados secretos (pero ahora accesibles) entre Winston Churchill, Lloyd George, y el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Británicas revelan serias preocupaciones acerca de la capacidad y disposición de sus soldados a la hora de reprimir futuras insurrecciones y acciones en la industria en Gran Bretaña e incluso, si los soldados en servicio activo demandaban su desmovilización, si tendrían suficientes soldados a lo largo del Imperio para enfrentarse a las tareas que tendrían que enfrentar.

Los nacionalistas revolucionarios irlandeses estaban en una posición muy fuerte para continuar su lucha hasta ganar su independencia, e incluso para ser catalizadores de una revolución socialista en Gran Bretaña y la muerte del Imperio. Pero retrocedieron, dándole al Imperio el respiro que necesitaba para ocuparse de las ascuas de rebelión en otros lugares y para prepararse para el enfrentamiento con los militantes sindicalistas británicos durante la Huelga General de 1926.

Así, los partidarios del Tratado volvieron sus armas contra aquellos que habían sido sus camaradas en una cruel Guerra Civil que comenzó en 1922. El nuevo Estado ejecutaba a los prisioneros del IRA (incluso a algunos sin juicio) y la represión continuó con dureza incluso cuando ya habían derrotado al IRA en la Guerra Civil.

Si los nacionalistas revolucionarios irlandeses no tenían conocimiento de todos los problemas a los que se enfrentaba el Imperio Británico, sí que conocían muchos de ellos. La huelga de hambre en 1920 de McSwiney, el Alcalde de Cork, había captado la atención internacional, y los nacionalistas indios se habían puesto en contacto con la familia de McSwiney. La presencia de enormes comunidades de trabajadores irlandeses en Gran Bretaña, de Londres a Glasgow, daban la oportunidad de mantenerse al día de los conflictos industriales, incluso si a los nacionalistas irlandeses no les importaba establecer lazos de unión con los sindicalistas británicos. Sylvia Pankhurst, de una importante familia de sufragistas y una revolucionaria comunista, publicaba cartas en ‘El Trabajador Irlandés’ (The Irish Worker), el periódico del Sindicato Irlandés de Transportes y Trabajadores Generales (IT&GWU- Irish Transport & General Workers’ Union).

La presencia de un número importante de irlandeses todavía dentro del ejército británico también era una fuente de información.

Anti-Treaty cartoon, 1921, depicts Ireland being coerced by Michael Collins, representing the Free State Army, along with the Catholic Church, in the service of British Imperialism
Dibujo de la Lucha contra el Tratado de 1921, representa a Irlanda siendo coaccionado por Michael Collins, en representación del Ejército del Estado Libre, junto con la Iglesia Católica, al servicio del imperialismo británico

La mayoría de los líderes del movimiento nacionalista revolucionario irlandés tenían un trasfondo pequeño-burgués y no tenían un programa de expropiación de industriales y grandes terratenientes. No buscaban representar los intereses del pueblo trabajador irlandés, e incluso algunas veces le demostraron hostilidad, impidiendo que campesinos sin tierra se estableciesen en grandes fincas y se dividiesen después el terreno. Históricamente, la pequeña burguesía se ha mostrado incapaz de compaginar una revolución con sus propios intereses como clase, y en Irlanda era inevitable que los nacionalistas acabasen siguiendo los intereses de la burguesía irlandesa. Los socialistas irlandeses eran demasiado pocos y débiles como para ofrecer un bando alternativo. La burguesía irlandesa había sido revolucionaria por última vez en 1798, y no iba a cambiar en ese momento. Originalmente, junto a una Iglesia Católica con la que tenían muchos intereses en común, se habían negado a apoyar al nacionalismo revolucionario pero decidieron unir fuerzas con él cuando vieron que había una posibilidad de mejorar su posición, y también cuando parecía que la derrota de los británicos era inminente.

Ante estas evidentes posibilidades es difícil evitar la conclusión de que el sector del nacionalismo revolucionario irlandés que optó por el Tratado ofrecido por Lloyd George, lo hizo debido a que lo preferían a las alternativas. Prefirieron rendirse a cambio de un solo pedazo en lugar de luchar por todo el pastel. Y la burguesía irlandesa se beneficiaría del Tratado, a diferencia de la mayoría del pueblo irlandés. Las frase de James Connolly que decía que la clase obrera era la “incorruptible heredera”

Troops of the new Irish government use British-lent cannon to shell Republican HQ in the Four Courts in 1922, starting the Civil War.
Las tropas del nuevo gobierno irlandés usan cañón prestado por los británicos para bombardear la sede republicana en los Four Courts (Cuatro Juzgados) en 1922, iniciando la Guerra Civil.

 de la lucha irlandesa por la libertad tuvo un corolario: que la burguesía irlandesa siempre comprometería la lucha. También es posible que la alternativa que la burguesía nacionalista temía no era tanto la “guerra terrible y total” británica, sino la posibilidad de una revolución social en la que perderían todos sus privilegios.

El siguiente reto al Imperio por parte del nacionalismo revolucionario no ocurriría hasta cincuenta años más tarde, y tendría lugar principalmente en los Seis Condados ocupados.

La guerra de treinta años en los Seis Condados

El IRA no tuvo mucho éxito en la serie de cortas campañas que llevaron a cabo durante la Segunda Guerra Mundial o durante los años cincuenta. El Sinn Féin, su partido político, sufrió una importante escisión durante los años treinta, y la nueva organización, Fianna Fáil, que optó por un camino puramente constitucionalista, pronto se convirtió en uno de los principales partidos burgueses del nuevo Estado irlandés. Este partido estuvo en el poder durante la Segunda Guerra Mundial, y sintió que su posición de neutralidad sería debilitada por la actividad del IRA contra los británicos. Llevó a cabo redadas contra sus propios camaradas, encarceló a cientos de ellos en unas condiciones penosas, les propinó palizas en las que algunos murieron, así como ejecutó a muchos otros.

El Sinn Féin se reformó en los sesenta, revocó su prohibición de posturas comunistas y aparentemente comenzó a desarrollar un punto de vista socialista; también comenzó a preocuparse por asuntos sociales dentro del Estado irlandés y realizó agitación sobre cuestiones como la vivienda. Además, llevó a cabo campañas de desobediencia civil y de traspaso de la propiedad privada de terratenientes extranjeros que poseían viviendas, tierras y ríos sobre suelo irlandés.

En los Seis Condados, el partido contribuyó a la organización del movimiento de protesta por los derechos civiles, pero pronto éste les sobrepasó. Después de que la policía arrasase esas áreas y matase a tiros a un miembro de la comunidad (irónicamente, una persona de la localidad que era soldado británico y que estaba de vacaciones), las comunidades católicas de Derry y Falls Road (Belfast) levantaron barricadas para impedir el paso de la policía, y en Derry fueron capaces de defender las con éxito contra los repetidos ataques de la policía paramilitar, sus reservas a tiempo parcial, y de las turbas lealistas.

Escisión!

Entonces, cuando necesitaron armas, los republicanos del norte descubrieron que el liderazgo en Dublín había dispuesto de ellas (supuestamente las había vendido a un grupo armado galés), y que lo único que tenían para defender sus zonas era un puñado de armas (y sólo una de las cuales era automática). Esto llevó a una escisión en el partido y en el IRA, llamándose las nuevas organizaciones Sinn Féin Provisional e IRA Provisional. La organización original añadió la palabra “Oficial” tanto a su ala política como a su grupo armado. Los escindidos rápidamente pasaron a ser conocidos como “los provisionales” (o “Provos” o “Provies”). Más tarde los Oficiales pasaron a ser conocidos como “los Pegajosos” (o “Stickies”), debido a una desafortunada innovación que les llevó a hacer sus propios lirios de pascua (flor que simboliza el Alzamiento de Pascua de 1916) con papel y pegamento en la parte de atrás (los otros siguieron sujetando con pin, como antes).

Los Provisionales no tenían tolerancia para el socialismo. Muchos de ellos sentían que había sido la ideología socialista la que les había llevado a estar prácticamente desarmados cuando sus zonas estaban bajo ataque. Reiteraron la clásica queja de los soldados sobre “demasiada política”. Además, entre sus dirigentes no había pocos católicos de ideología conservadora. En su frente internacional, más bien escaso, Fred Burns O’Brien, un estadounidense de origen irlandés y republicano pero también sionista, durante un tiempo publicó en el periódico de Sinn Féin An Phoblacht una columna en la que de vez en cuando ensalzaba el ejemplo sionista. Una carta de protesta de un lector que expresaba que los aliados naturales de los irlandeses eran los palestinos y no los sionistas no fue publicada, y O’Brien continuó escribiendo su columna en An Phoblacht durante algún tiempo más.

Los Provisionales se enfrentaron con el Ejército Británico cuando fue enviado a apoyar al Estado colonial contra los levantamientos populares cuando la policía colonial se mostró incapaz de reprimirlos. Pronto estuvieron combatiendo fundamentalmente con los soldados del Ejército Británico, la policía armada colonial, y los escuadrones de la muerte clandestinos de ambas unidades. Además, aunque en menor medida, también combatieron con los paramilitares lealistas, que mayoritariamente concentraban sus ataques de forma aleatoria en personas de origen católico.

Nuevo liderazgo de los Provisionales

Gradualmente, una nueva hornada de dirigentes comenzó a formarse entre las filas de los Provisionales. Los viejos dirigentes habían quedado desacreditados, Mac Stiofáin por ser capturado con papeles incriminatorios, y después empezar una huelga de hambre hasta la muerte que abandonó al poco de empezar. El liderazgo de Ó Brádaigh perdió cierta credibilidad debido a su declaración de que, primero 1972 y después 1973, iba a ser Bliain an Bhua, el Año de la Victoria (por supuesto, ninguno lo fue). También bajo su liderazgo se produjo el alto fuego y tregua de 1975, de los cuales los Provos no sacaron beneficio alguno cuando los británicos rompieron la tregua y atacaron medidas aún más represivas que las anteriores; además, los posibles beneficios propagandísticos no estaban preparados y no se produjeron. “Moss” Twomey, Jefe del Estado Mayor del IRA y uno de los líderes originales de los Provisionales, no apoyó la tregua pero fue cesado de su cargo debido a su arresto en 1977 por parte de la Garda (Policía) en los 26 Condados.

Ruairí Ó Brádaigh and Gerry Adams, solidarity conference London 1983.  Adams ousted Ó Brádaigh in the Provos' leadership.  Ó Brádaigh was twice chief of staff of the IRA between 1958 and 1962, president of Provisional Sinn Fein from 1970 to 1983 and of Republican Sinn Fein from 1987 to 2009,
Ruairí Ó Brádaigh y Gerry Adams, conferencia de solidaridad de Londres 1983. Adams derrocó a Ó Brádaigh del liderazgo de los Provos. Ó Brádaigh era dos veces comandante del IRA entre 1958 y 1962, presidente del Sinn Fein Provisional 1970-1983 y del Sinn Fein Republicano 1987-2009.

El nuevo liderazgo, sobre el cual existe la extendida creencia de que Gerry Adams era el personaje principal, junto con un grupo de militantes afines, tomó el control del IRA y del Sinn Féin; el encuentro anual de delegados del partido en 1986 vio cómo Ó Brádaigh y muchos de sus seguidores (lo que no incluía a Twomey) se marchaban para formar poco después el Republican Sinn Féin (desde entonces ligado al IRA de la Continuidad).

El IRA Provisional (y por un tiempo, el INLA, otra escisión del IRA Oficial), combatió en una guerra terrible contra un ejército imperialista moderno con sofisticados sistemas de vigilancia, contra la policía colón británica armada y contra los paramilitares lealistas, controlados por la policía británica y por los servicios de inteligencia militares.

Infligieron un gran número de bajas entre las fuerzas coloniales, pero también sufrieron muchas bajas ellos mismos. Cientos de ellos fueron encarcelados durante grandes periodos de tiempo, y entonces las prisiones mismas se convirtieron también en áreas de lucha.

El área de operaciones de los grupos republicanos estaba prácticamente confinada a los Seis Condados. El Sinn Féin Provisional organizó y llevó a cabo una serie de campañas en los 26 Condados, pero principalmente concentrados en lograr el apoyo para la lucha que se llevaba a cabo en el norte.

El Sinn Féin Provisional no trabajó de forma seria con el movimiento sindical, y cuando uno de sus miembros del Ard-Choiste (Comité Ejecutivo Nacional), Phil Flynn, era un alto cargo sindicalista, tomó parte en lograr un acuerdo de pacto social con el gobierno irlandés con el resultado que el movimiento sindical no fuese una amenaza real para los planes del capitalismo irlandés de ahí en adelante.

Buscando alianzas dentro de Irlanda, el Sinn Féin Provisional (antes y después de la escisión) realizó movimientos de confluencia hacia el ala “republicana” del Fianna Fáil.

El Sinn Féin Provisional no tomó parte en la lucha por la legalización de los preservativos y la píldora anti-conceptiva.Cuando se produjo el referéndum constitucional sobre el aborto, el Sinn Féin Provisional se mostró en contra, mientras que en el del divorcio respondió con evasivas. Cuando se produjo el referéndum acerca de entregar la nacionalidad a los hijos de inmigrantes que hubiesen nacido en Irlanda, su postura era a favor, pero no hicieron ninguna campaña al respecto, concentrándose en su lugar en promover el Acuerdo del Viernes Santo y discutiendo por la retención de las Cláusulas Constitucionales 2 y 3 (aquellas que reivindicaban para toda Irlanda). En otras palabras, en cuatro principales áreas de los derechos civiles, o se tomaron el bando equivocado o fallaron a la hora de movilizarse. Es notable que, en esas ocasiones, el Sinn Féin Provisional se posicionara a la derecha del Partido Laborista irlandés, de línea socialdemócrata.

El Sinn Féin Provisional tampoco se organizó en torno al asunto del desempleo y su consiguiente emigración, un problema que afectaba principalmente a la juventud de todas las capas sociales de Irlanda.

De hecho, el único problema social en el que actuaron con decisión fue en el tráfico de drogas. Aun así, incluso en ese caso, su punto de vista moralista les hacía tratar a todas las drogas igual, excepto por supuesto el alcohol, que vendían en sus clubs y al que ponían un impuesto ilegal en sus áreas, y el tabaco, con el que hacían contrabando a través de la frontera. Su solución al problema de la droga era intimidar a los camellos y conducirles fuera de las áreas donde se llevaban a cabo estas campañas. No obstante, hay persistentes rumores de que cobraban un impuesto a estos camellos en otras áreas como una de sus formas de financiación.

No era de esperar que la mayoría de la gente de los 26 Condados, privados de cualquier referente relativo a las cuestiones económicas y sociales que les afectaban, pudiese ser movilizada exclusivamente acerca de problemas que afectaban tan sólo a una pequeña parte de la población irlandesa, que además vivía bajo otra administración.

El apoyo popular de los Provisionales comenzó a menguar en los 26 Condados, ayudado por la hostilidad de su burguesía, sus medios de comunicación, y su entramado político, mientras que en los Seis Condados ocupados comenzó a calar la fatiga provocada por la guerra.

Fue la lucha de los presos políticos republicanos (principalmente hombres a veces pero con bastante actividad por las presas republicanas), dentro de las cárceles y de sus compañeros y compañeras en el exterior, en principio organizada principalmente por mujeres, la que inspiró nueva vida al movimiento republicano, particularmente en los Seis Condados. Primero la “protesta de la manta”, después la renuncia al aseo, y principalmente la “protesta sucia”, llevaron a la huelga de hambre de 1980. Fue seguida poco después por otra huelga de hambre, esta en 1981, que culminó con la muerte de diez prisioneros republicanos, siete del IRA Provisional y tres del INLA.

La lucha de estos prisioneros y la campaña de quienes les apoyaban galvanizó la comunidad nacionalista de los Seis Condados, y reactivó el movimiento Provisional. Esto también llevó a una exitosa intervención electoral en ambos lados de la frontera, con representación parlamentaria en ambas administraciones.

Trayectoria reformista

De ahí en adelante se puede observar una trayectoria reformista en los Provisionales, ligada a una guerra de guerrillas diseñada para presionar a los británicos y para mejorar la posición negociadora de los Provisionales. En 1998 los Provisionales firman el Acuerdo de Viernes Santo que ganó un apoyo mayoritario con un gran margen en un referéndum en los 26 Condados, y una mayoría raspada en las elecciones de los Seis Condados. De este modo, el Sinn Féin Provisional se convirtió electoralmente en el partido político dominante en la comunidad nacionalista y la segunda fuerza en el conjunto de los Seis Condados.

La estrategia electoral llevó a la primera escisión notable de la organización, de la cual rugió en el 1986 el Sinn Féin Republicano, que ha sido en numerosas ocasiones relacionado con el IRA de la Continuidad, que apareció en escena poco después. En el 1997 se produjo otra escisión de los Provos, de la que se formó el Movimiento por la Soberanía de los 32 Condados (32CSM), ligado normalmente al IRA Auténtico. El 32CSM se escindió después, y los herederos de tal escisión se encuentran en la Red Republicana para la Unidad (RNU). Después de la firma del Acuerdo de Viernes Santo en 1998, un conjunto de personas que dejaron el Sinn Féin (y algunos el IRA) Provisional formaron la organización éirígí (“Alzáos”). Todas estas organizaciones se oponen al Acuerdo de Viernes Santo, al igual que otros pequeños grupos. Todas se declaran socialistas, pero ninguna de ellas está construyendo bases en los sindicatos o en las instituciones educativas, y poco es el trabajo sobre cuestiones sociales y de vivienda en las comunidades.

En las elecciones del 2011 en los 26 Condados (el Estado Irlandés), el partido gobernante, Fianna Fáil, vio duramente reducido su número de votos, debido a una letanía de escándalos financiero-políticos combinados con la crisis financiera del sistema capitalista, durante la cual el gobierno pagó a los especuladores del Banco Anglo-Irlandés con dinero público. Sus jóvenes compañeros de coalición, el Partido Verde, vio su representación completamente eliminada.

El triunfador fue el otro partido burgués, Fine Gael, en coalición con los socialdemócratas del Partido Laborista irlandés. Estos esencialmente continuaron aplicando las políticas de sus predecesores. El Sinn Féin obtuvo 14 escaños, otros 14 fueron para independientes (la mayoría de izquierda), y otros cuatro para dos grupos trotskistas.

La respuesta del Sinn Féin a la crisis ha sido hacer un llamamiento a la inversión interior y la creación de empleo, proclamando que había “una mejor manera, una manera más justa” de manejar la economía. Se han opuesto a los recortes en los 26 Condados (mientras los llevaban a cabo en los Seis) pero no han apoyado la campaña de negarse a registrarse o pagar el Impuesto sobre los Hogares (un nuevo impuesto). Esta fue la mayor campaña de desobediencia civil en la historia del estado y fue un éxito, pero el impuesto fue sustituido por otro, el Impuesto de Bienes Inmuebles, con el Departamento de Ingresos responsable de recoger el impuesto.

Dublin demonstration, 13April 2013, part of civil disobedience campaign against Household & Water Taxes which Sinn Féin did not support
Manifestación en Dublín, 13 Abril 2013, que forma parte de la campaña de desobediencia civil contra Los Impuestos del Hogar y del Agua, campaña que no apoyaba el Sinn Féin

En sus formas de organizarse, su énfasis en las elecciones, sus eslóganes, y su respuesta ante una campaña de desobediencia civil, el comportamiento del Sinn Féin en los 26 Condados se enmarca completamente dentro de la línea de un partido socialdemócrata burgués, con la distinción de que al contrario que muchos partidos socialdemócratas, no tiene historia o fuerza dentro del movimiento sindical. Su estrategia parece ser la de formar su propio espectáculo electoral para entrar en un gobierno de coalición con alguno de los partidos de la burguesía en algún momento del futuro.

La trayectoria de los Provisionales de sus inicios hasta el presente puede resumirse en la resistencia anti-imperialista en la colonia (la parte más pequeña del país), intentos de ganar el partido nacionalista burgués del sur (o al menos algún sector del mismo) para su bando, reformismo electoralista con presión militar hasta las negociaciones, después un completo reformismo electoralista en ambos lados de la frontera con participación en el gobierno capitalista e imperialista de la colonia.

La posible alternativa revolucionaria

Había una posible y viable alternativa. En los 26 Condados, hubiese significado movilizar a las masas populares en torno a los problemas sociales y económicos a los que se enfrentaban: desempleo, emigración, escasez de viviendas, falta de desarrollo, erosión de las zonas de habla gaélica, etc. Hubiese significado enfrentarse al capitalismo dominante, a sus partidos políticos, y a su Estado en sus políticas neo coloniales, escándalos, exención de impuestos, derroche de los recursos naturales y sus bases productivas… Para ello, el movimiento de resistencia podría haber construido sus bases en las comunidades, estudiantes y, de forma crucial, entre la clase obrera, organizándose dentro y a través del movimiento sindical, enfrentándose a los líderes socialdemócratas de los sindicatos y luchando contra su ideología y práctica del “pacto social” con la burguesía.

También hubiese significado organizar y liderar a la población en la defensa de sus derechos sociales: divorcio, métodos contraconceptivos, aborto, derechos LGTB, derechos de ciudadanía para inmigrantes, etc. Por supuesto, tres de estos cuatro temas hubiesen significado un conflicto abierto con la Iglesia Católica.

Entonces, la Iglesia misma hubiese tenido que ser atacada para exponer su larga historia de abusos.

En los Seis Condados, la resistencia nacionalista podría haber sido construida en el seno de movimientos populares combativos, siguiendo el modelo de apoyo a los “Hombres de la Manta” y las huelgas de hambre. Estas bases podrían haber sido movilizadas en torno a las políticas sectarias, la represión, el Ejército Británico, vivienda, desempleo, educación, e incluso en el movimiento sindical. Debido a que la comunidad católica sufría desproporcionadamente el desempleo, y la mayoría de los puestos de trabajo estaban reservados para la población protestante, el movimiento sindical hubiese sido el frente con más dificultad a la hora de progresar, pero aún así había posibilidades.

Tales campañas requerirían una disminución, y probablemente una re-dirección, de las acciones militares por parte del movimiento de resistencia. Las campañas electorales podrían haber tenido lugar, pero con el único objetivo de apoyar las luchas populares y de representarlas en las instituciones, no colaborar con éstas o formar parte del Estado.

Había posibilidades y opciones, para una resistencia viable y para la preparación de la revolución social en ambas partes del país, pero no para el movimiento republicano irlandés con su ideología dominante. Un proceso así hubiese requerido una ideología revolucionaria basada en la organización de la clase trabajadora como motor y fuerza dirigente de un movimiento revolucionario.

La mayor parte del republicanismo irlandés nunca ha estado cerca de seguir ese camino, y parece dificíl ver que lo estará.

Aliados en el exterior

Una nación pequeña, con una población total menor que la de Londres, necesita ayuda si quiere enfrentarse al poder del Imperio Británico y su fuerza militar. El republicanismo irlandés siempre ha tenido esto en cuenta, y en 1798 miraron hacia la Francia revolucionaria, en el siglo XVIII a los EEUU, en la primera parte del siglo XX a la Alemania Imperial, y después de nuevo a la EEUU.

Con una excepción, estas eran alianzas temporales y legítimas, pese a que las tormentas impidieron que la Armada de la Francia republicana atracase en Bantry en 1796 y la fuerza que pudo desembarcar en 1798 era demasiado pequeña y llegaba demasiado tarde como para marcar la diferencia, o pese a que el envío de armas por parte de Alemania en 1916 fuese interceptado y que en 1919 no estuviesen en posición de ayudar.

En los Estados Unidos

La excepción mencionada son los EEUU, que al menos desde 1866 en adelante no iba a apoyar a Irlanda en contra el Imperio Británico. La evidencia que permite concluir esto es la invasión feniana de Canadá en ese año, en la que un destacamento de veteranos irlandeses de la Guerra Civil Americana cruzó la frontera con Canadá (entonces colonia británica) apoyados con una fuerza aún mayor esperando en territorio estadounidense. En ese momento, EEUU estaba en una situación contradictoria con Gran Bretaña debido al apoyo reciente de ésta a la Confederación (el “Sur”). Aun así, EEUU cerró la frontera con Canadá, separando a la vanguardia feniana de la fuerza principal y arrestando a un buen número de fenianos (Hermandad Feniano Irlandés).

Hasta 1898, la política estadounidense había sido de imperialismo “interno”: la derrota de las tribus autóctonas y el re-poblamiento de sus tierras con colonos blancos que serían arrastrados bajo la hegemonía de EEUU. La Guerra Estados Unidos-México en 1848, debida a la anexión de Texas por parte de EEUU, tal vez podría ser citada como guerra imperialista, pero había una gran cantidad de población de origen estadounidense en ese territorio, y EEUU simplemente podría haber considerado parte de su territorio.

Pero en 1898, EEUU entró en guerra con el Imperio Español y se anexionó Puerto Rico, invadiendo también Cuba y Filipinas.

Una vez EE.UU. se hubo consolidado como una potencia imperialista a escala mundial, estaba interesado en reemplazar la influencia y el poder francés y británico con el suyo propio, primeramente en el continente Americano y tierras adyacentes, y después en Asia y Oriente Medio (por último en África). Pero no estaba interesado en la eliminación completa de estas potencias imperialistas, sino que más bien estaba encantado de dominar el mundo con Francia y Gran Bretaña como socios menores. Sobre arrebatarles colonias, sólo lo hubiese ocurrido para dominar tal territorio en su lugar. Era muy inocente por parte de los Provisionales creer que podrían apartar a EE.UU. de sus intereses imperialistas, por muy potente que fuese su grupo de presión americano-irlandés.

A medida que la guerra de los Provisionales contra Gran Bretaña en los setenta no mostraba signos de acabar pronto, empezaron a desarrollar relaciones de hermandad con otras organizaciones de liberación en varias partes del mundo, como el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, Al Fatah, o el Consejo Nacional Africano (ANC). La relación con Al Fatah no se pretendía desarrollar a un gran nivel, especialmente durante las dos primeras décadas de la guerra irlandesa, debido a que los Provisionales no querían perder el apoyo del lobby burgués americano-irlandés y esperaban cierta ayuda de la Casa Blanca.

Clinton, Rabin & Arafat
Los Acuerdos de Oslo 1993; el presidente EE.UU demócrata Clinton supervisa el acuerdo entre el Presidente de los sionistas israelí Rabin, y Arafat, líder de la OLP. Debido a este acuerdo, la organización Al Fatah, del que Arafat era el líder, perdió su apoyo mayoritario entre los palestinos en los Territorios Ocupados, que posteriormente fue a Hamas.

Después de la actuación de Al Fatah en las negociaciones de Oslo y el “proceso de paz” palestino, la organización comenzó a perder el apoyo de la mayoría del pueblo palestino, y en los territorios ocupados fue reemplazada por Hamás.

El proceso en Sudáfrica parecía haber dado buenos resultados con un gobierno de la mayoría negra, pero con

South African police of the ANC government executed 34 miners in one day for striking against Anglo-American Platinum mine at Marikana.  A further10 had been killed in previous days.

Policía sudafricana del gobierno del CAN ejecutó a 34 mineros en un día de huelga contra la empresa Anglo American Platinum en Marikana. Unos diez mas habían muerto en días anteriores.

el paso de los años esa “victoria” ha demostrado estar hueca incluso para las personas más ingenuas, especialmente en las últimas semanas, con la masacre de los mineros en huelga por parte de la policía sudafricana enviada por el Consejo Nacional Africano.

El movimiento de liberación nacional vasca está actualmente en su propio proceso de “paz” que muestra muchos signos de ir en la misma dirección que el proceso irlandés y otros que buscan lograr o han logrado la estabilidad temporal del imperialismo.

Dentro de la Gran Bretaña

Dentro de la propia Gran Bretaña había otro lugar en el que encontrar aliados para el movimiento en Irlanda. El Sinn Féin Provisional había cerrado todas sus filiales allí en los setenta, pero mantenía relaciones abiertas con la izquierda anti-imperialista británica y con el ala izquierda del Partido Laborista, de carácter socialdemócrata.

Con la iniciativa Time To Go (“Es la hora de irse”) de los ochenta, intentó unirles, pero esa alianza se fragmentó debido al comportamiento manipulador y carente de principios del sector del Partido Laborista, encabezado por la parlamentaria Clare Short y por John McDonnell (ahora también parlamentario). La Time To Go acabó con tan sólo unos pocos burócratas del Partido Laborista, apoyados tanto por los trotskistas del SWP (Partido Socialista de los Trabajadores) como por el Partido Comunista de Gran Bretaña y, debido sobre todo a este último, de la pequeña Asociación Connolly de la comunidad irlandesa.

Pero perdieron el apoyo primero de la Campaña contra los Registros al Desnudo, seguido del Grupo de Representación Irlandesa en Gran Bretaña, y finalmente del Movimiento Tropas Fuera. Los Provisionales se mantuvieron al margen de estas peleas, pero de facto promocionaron la campaña Time To Go en Gran Bretaña. Se convocó una gran manifestación en Londres, en la que participaron organizaciones normalmente apartadas de la escena de solidaridad irlandesa, pero poco más salió de esa campaña.

Después, los Provisionales fundaron la amplia campaña Saoirse (“Libertad”) para construir la solidaridad con los prisioneros y prisioneras del republicanismo irlandés, pero redujeron su sección británica cuando comenzó a crecer en tamaño y actividad fuera de su control. La reemplazaron más tarde por Fuascailt (“Liberación”), una campaña más pequeña que también concluyeron al pedir a sus miembros que se uniesen a la Sociedad Wolfe Tone (organización partidaria del Sinn Féin).

El Movimiento Tropas Fuera comenzó a acercarse de nuevo a los Provisionales en el Comité por la Retirada Británica (originalmente un amplio comité que planeaba la conmemoración de la masacre del Domingo Sangriento en Derry), y toda la escena de solidaridad irlandesa comenzó a ser cada vez más pequeña, estando su mayor parte bajo control Provisional, con grupos republicanos más pequeños, y activistas y pequeños grupos no influidos por los Provisionales.

Las conmemoraciones anuales de las Huelgas de Hambre en Gran Bretaña se volvieron problemáticas desde que los Provisionales dejaron claro (sin dejarlo nunca por escrito) que no enviarían ponentes a ninguna conmemoración a la que fuesen ponentes de IRSP (Partido Republicano Socialista Irlandés, ligado al INLA). Como tres de los diez mártires de tales huelgas eran afines al IRSP, ponía a la organización de dichas conmemoraciones en una posición muy difícil. O cedían ante la exclusión y censura por parte de los Provisionales, o se oponían a ello y no tenían ponente del mayor de los grupos republicanos.

Durante la mayor parte de esas décadas, los Provisionales (y en menor medida el INLA, después también en IRA Auténtico –Real IRA– y en una ocasión el IRA Oficial) llevaron a cabo campañas de bombas en Inglaterra. Cierto número de las detonaciones del IRA, algunas por error y otras (en apariencia) deliberadas, mataron civiles. Una de esas explosiones, en 1974, aparentemente previo aviso fallido, mató e hirió a un buen número de civiles en Birmingham. Esto dio al Estado británico la legitimidad para aprobar el Acta de Prevención del Terrorismo, la cual facilitó la represión a gran escala de la comunidad irlandesa. Esto, combinado con las falsas acusaciones y condenas de los Seis de Birmingham, los Cuatro de Guildford, los Siete de Maguire y Judith Ward, junto con la campaña mediática británica, creó en la comunidad irlandesa una atmósfera de miedo e intimidación. Eso llevó a un grave parón de la solidaridad a la causa irlandesa hasta que las huelgas de hambre de 1981 galvanizaron la comunidad irlandesa y a partes de la izquierda británica.

La intención del IRA con su campaña de bombas parecía ser disminuir el apoyo de la clase dirigente británica por la guerra y aterrorizar al público para que presionara a su gobierno para retirarse de Irlanda. Sin embargo, estaba claro desde mediados de los setenta, si no antes, que el Estado británico estaba preparado invertir una gran cantidad de recursos financieros, militares, políticos, y judiciales para combatir en Irlanda.

Claramente, mantenerse ocupando los Seis Condados tenía gran importancia para la clase dominante británica más allá de la comprensión de la militancia republicana (y tal falta de comprensión parece mantenerse en el espectro del republicanismo irlandés hasta hoy en día).

Las masas británicas ya habían demostrado su deseo de que se retiraran las tropas de Irlanda en sondeos de opinión públicos. La campaña de bombas no hizo nada para aportar, sino que más bien creó un clima en el que la opinión pública toleraba el abuso de los derechos de la población irlandesa y su represión en Gran Bretaña, junto con la tolerancia de facto de la represión en los Seis Condados, incluyendo asesinatos por parte del Estado.

El Acta de Prevención del Terrorismo 1974 tenía como objetivo específico la comunidad irlandesa porque era la comunidad con más en juego a la hora de oponerse a lo que estaba ocurriendo en los Seis Condados y porque tenían acceso a los hechos, con lo que podían informar a sus amigos británicos, compañeros y compañeras de trabajo, etc.

A pesar de la falta de progreso en sus objetivos y a pesar de su efecto contraproducente, las campañas con bombas del IRA continuaron en Gran Bretaña esporádicamente hasta 1996. Dos años después, el Acuerdo del Viernes Santo marcó el final de cualquier posibilidad para los Provisionales de seguir con las explosiones, aunque otros grupos republicanos “disidentes” podrían hacer uso de esa misma táctica en el futuro.

De nuevo, había alternativas revolucionarias.

Si los Provisionales se hubiesen esforzado en la construcción de alianzas y la movilización, especialmente en ligarse a movimientos de masas sin tratar de controlarlos, el panorama de Inglaterra podría haber sido diferente.

El sector solidario de la comunidad irlandesa debería haber tenido permitido divergir en varios grupos y lealtades políticas pero siempre animado a formar un gran frente de solidaridad con la causa irlandesa de la retirada británica, con el mismo tipo apoyo amplio hacia los prisioneros y prisioneras republicanas. La comunidad irlandesa constituía alrededor del 10% de la población de las ciudades británicas, y suponía una enorme fuente potencial de solidaridad e información a través de sus enlaces sociales y con el sindicalismo, lo cual hubiese podido minar y sobrepasar la censura y propaganda de los medios de comunicación británicos.

Al mismo tiempo, la resistencia en Irlanda debería haber forjado conexiones con la clase obrera británica: quienes les explotan son a su vez opresores del pueblo irlandés. Estas conexiones deberían haber priorizado militantes y grupos revolucionarios por encima de socialdemócratas burocráticos y, de nuevo, mucho de esto podría haber sido realizado a través de la diáspora irlandesa (de aplastante mayoría obrera).

También se podrían haber construido alianzas con las comunidades asiáticas, afro-caribeñas, africanas, etc de Gran Bretaña, unas comunidades sujetas al racismo y a ataques xenófobos en Gran Bretaña y cuyas tierras natales están siendo exprimidas por el imperialismo británico.

Nada de esto hubiese sido fácil, pero a largo plazo podría haber sido mucho más productivo, y una serie de alianzas progresivas habrían significado la masificación de la solidaridad con la causa irlandesa en lugar de lo contrario.

Sin embargo, los provos (y también un caso común dentro de republicanismo irlandés) prefirieron oscilar entre las acciones militares tales como las bombas por un lado, y propuestas reformistas por el otro. Aquellos que fanfarronean de su grado de compromiso con las campañas militares y sus mártires, marginalizando la importancia de activistas solidarios, finalmente acabaron en la administración del Estado colonialjunto a los unionistas y colaborando con la policía colonial británica. A lo largo del proceso, rindieron el estatus de preso político por el cual tantas personas habían luchado y diez de ellas habían muerto en una huelga de hambre.

Conclusión

Stormont Building, seat of the British colonial government in Ireland since 1932 except during years of direct rule from Britain.  Sinn Fein have gone from revolutionary campaigning for its abolition and Britain getting out of Ireland to being part of the colonial government, the Northern Ireland Executive.
Stormont Building, sede del gobierno colonial británico en Irlanda desde 1932, excepto durante los años de gobierno directo de Gran Bretaña. Sinn Féin han pasado de la campaña revolucionaria para su abolición y para que la Gran Bretaña salga de Irlanda a formar parte del gobierno colonial, el Ejecutivo de Irlanda del Norte.

Una lucha militar en una pequeña parte de la isla nunca iba a tener la oportunidad de derrotar al imperialismo británico. Además, era necesaria la lucha de masas social y política en toda Irlanda, o al menos en gran parte de ella, para impedir que fuese confinada a una parte del pueblo irlandés, y finalmente contenida.

También eran necesarias alianzas internacionales de carácter revolucionario, no alianzas que pudiesen restringir y minar las demandas de la revolución irlandesa.

Además, alianzas con fuerzas revolucionarias en Gran Bretaña también hubiesen sido fundamentales y, en particular, una relación simbiótica de la lucha revolucionaria en cada país, alimentándose de las fuerzas compartidas pero sin depender la una de la otra.

Si en el momento en que Gran Bretaña ha enviado o considera enviar fuerzas armadas de represión a Irlanda, la clase dominante británica se enfrenta con estallidos revolucionarios en su tierra y en el extranjero, hubiese restringido considerablemente su habilidad para desplegar las tropas mientras al mismo tiempo detona el colapso de la moral y quizá el comienzo de motines entre sus propias Fuerzas Armadas.

Es posible derrotar al imperialismo británico, pero no con las políticas y métodos del movimiento republicano irlandés. Lo que se necesita es un movimiento socialista revolucionario de carácter obrero, que movilice a la población trabajadora irlandesa en torno a los problemas que los afectan de forma directa, practicando la solidaridad internacionalista y creando progresivamente tanto alianzas anti-imperialistas temporales como alianzas permanentes revolucionarias y de clase.

Por desgracia, tal movimiento u organización no existe en Irlanda en este momento.

(La versión dirigida a los irlandeses terminó con la siguiente pregunta: “¿No deberíamos construirla?”)

Deire-Fómhair/ Octubre 2012 (ligeramente revisado en enero 2014).

APÉNDICE

BREVE HISTORIA DE LA LUCHA DEL PUEBLO DE IRLANDA CONTRA EL COLONIALISMO INGLÉS Y IMPERIALISMO BRITÁNICO

En el siglo XII, Irlanda estaba parcialmente conquistada y colonizada por los normandos, que habían invadido y colonizado Inglaterra y Gales cien años antes. Los gobernantes normandos de Inglaterra habían llegado a acuerdos con los gobernantes sajones previos (que a su vez habían sido invasores y colonos de ciertas partes de la Bretaña celta), y comenzaron a llamarse “ingleses” (en gaélico se siguieron refiriendo a ellos de la misma manera que a sus predecesores, como Sacsannaigh, esto es: sajones; y en irlandés moderno aún se sigue haciendo: Sasannaigh).

Las contradicciones se desarrollaron entre estos ingleses y los colonizadores normandos originales de Irlanda,

Normans from Wales invaded Ireland in 1169 and established a colony.  They had conquered England in 1066.  Over time they became "the English" and extended their control until they ruled the whole of Ireland.
Normandos de Gales invadieron Irlanda en 1169 y establecieron una colonia. Habían conquistado Inglaterra en 1066. Con el tiempo se convirtieron en “Ingléses”, y extendieron su control hasta que gobernaron toda Irlanda.

a quienes los ingleses se referían como “viejos ingleses” (o, en ocasiones, como “ingleses degenerados”) y los irlandeses como Gall-Ghael (“irlandeses extranjeros”).

Los colonizadores normandos originales se habían mezclado con los nativos (excepto en la ciudad fortificada de Dublín y alrededores), aprendido gaélico irlandés, y adoptado muchas de sus costumbres, así como establecido alianzas mixtas. La exportación a Irlanda de la Reforma en la Iglesia de Enrique VIII e Isabel I, desde mediados del siglo XV a mediados del XVI, junto con las guerras del Parlamento contra sus reyes – Carlos I a principios del XVII y más tarde en ese mismo siglo, la liderada por Guillermo III contra Jacobo II – transformaron a los irlandeses descendientes de normandos en aliados irrevocables de los celtas nativos, y posteriormente ambos grupos de fundieron.

Las sucesivas plantaciones (colonizaciones masivas), dejaron muchas partes de Irlanda ocupadas por comunidades de un origen étnico diferente, de otra adscripción religiosa a la de los nativos, que hablaban otra lengua y ocupaban las mejores tierras, de las que habían sido expulsados los irlandeses. Sin embargo, los colonos continuaban siendo una minoría y eventualmente tuvieron que llegar a ciertos acuerdos con los nativos. Al mismo tiempo, estaba emergiendo una burguesía colonial (similar proceso estaba ocurriendo en lo que después serían los Estados Unidos de América) que veía sus intereses como diferentes en muchas maneras a los de Inglaterra y, como muchos de ellos eran presbiterianos, a los de la Iglesia anglicana (la Iglesia del Estado inglés) establecida en Irlanda. Estas contradicciones crecieron y se mezclaron con ideologías republicanas y anti monárquicas y, envalentonado por la rebelión de los colonos americanos (muchos de ellos presbiterianos) y la Revolución Francesa, un sector de esta burguesía irlandesa (de origen británico) se unió a los irlandeses nativos hacia el final del siglo XVIII y se declararon en rebelión abierta contra el dominio británico.

Notables of the United Irishmen, the first Republican movement in Ireland, mostly led by Presbyterians.  After the defeat of its 1798 insurrection, the Presbyterian community came under the idealogical control of the Orange Order and British Loyalism, which is where it has remained to this day.
Notables de los Irlandeses Unidos, el primer movimiento republicano en Irlanda, sobre todo dirigido por los presbiterianos. Después de la derrota de su insurrección de 1798, la comunidad presbiteriana quedó bajo el control ideológicos de la Orden de Orange y el lealismo británico, que es donde se ha mantenido hasta nuestros días.

Las rebeliones republicanas de 1798 (las tres mayores en el noreste, sudeste y oeste de Irlanda) no tuvieron éxito, pero muchos de los que permanecieron en Irlanda se consideraron en lo sucesivo como un solo pueblo, los irlandeses, siendo mayoría pero no todos de fe católica.

La excepción más notable se dio en ciertas partes de Úlster, donde en las consecuencias de la derrota de la rebelión del ’98, la Orden de Orange controló socialmente y más tarde dominio ideológicamente la gran mayoría de la enorme comunidad presbiteriana de allí. Las alianzas políticas de la mayoría de los presbiterianos de allí desde entonces al presente han permanecido fieles a la Monarquía Británica y su Estado. Como sus colonos en Irlanda, siempre se esforzaron por mantener Irlanda para la Corona Británica y a ellos mismos en ascendencia y, al principio del siglo XX, cuando ya no pudieron seguir haciéndolo, trataron de mantener la esquina de Irlanda donde eran más numerosos a salvo para Gran Bretaña y para sí mismos, sojuzgando a los irlandeses nativos bajo su dominio mediante la opresión sectaria y la discriminación en el empleo, vivienda, administración, política y ley.

Sin embargo, antes de esto, al principio del siglo XIX, los irlandeses (ahora una mezcla de nativos con normandos e ingleses asentados) del movimiento de la “Joven Irlanda” habían comenzado a preparar una nueva rebelión republicana. Pero la tragedia de la Gran Hambruna intervino: inanición, hambre, enfermedades y emigración masiva pusieron fuera de juego a la gran rebelión. Años más tarde, otra rebelión a gran escala fue detenida cuando las cuidadosas preparaciones de los Fenianos fueron echadas por tierra con un ataque preventivo de la policía y el ejército británico.

A medida que el final del siglo XIX se aproximaba, los irlandeses volvían a reafirmar su independentismo nacionalista, mediante medios de reforma parlamentaria, agitación agraria (más tarde también con luchas industriales), y preparativos para una insurrección armada. Mientras los Estados europeos y de más allá estaban atrapados en la Primera Guerra Mundial imperialista, los irlandeses se alzaron en una corta y fallida rebelión (Alzamiento de Pascua de 1916) que sin embargo fue seguida por una cruenta guerra de guerrillas (Guerra de la Independencia Irlandesa) en varias zonas de Irlanda.

En 1921 los británicos negociaron un acuerdo que les dejaba ocupando seis de los 32 condados de Irlanda, lo que llevó a la Guerra Civil Irlandesa en 1922 entre el recién nacido Estado irlandés y la mayoría de los anteriores rebeldes, que fueron derrotados.

El nuevo Estado irlandés estaba controlado por los representantes políticos y burocráticos de la burguesía nativa, que continuaba bajo la influencia económica y financiera de la potencia colonial, que también mantenía los seis condados bajo la administración local de la burguesía anglicana y presbiteriana con el control social de los lealistas de la Orden de Orange, y dominando a una minoría católica mediante la policía y el ejército.

El órgano de control social en los 26 condados era la Iglesia católica, conservadora y pro-capitalista.

Ningún gran cambió ocurrió hasta finales de la década de 1960, cuando la agitación comenzó por los derechos civiles en los Seis Condados, oponiéndose a la discriminación contra la minoría católica (casi todos descendientes de irlandeses y normando-irlandeses). A medida que la campaña por los derechos civiles se encontraba con la violencia desatada del Estado, más tarde respaldada por tropas de Gran Bretaña, la minoría católica continuó resistiendo mientras una parte de ella se enzarzó en una feroz guerra de guerrillas tanto urbana como rural. Esto continuó durante prácticamente treinta años, hasta que un acuerdo llevó a la mayoría de las fuerzas guerrilleras a la rendición (Acuerdo de Viernes Santo, 1998).

Ahora, poco más de diez años más tarde, la organización republicana que lideró la lucha contra la ocupación británica de Irlanda se ha incorporado a la administración local de la colonia británica de los Seis Condados y está buscando formar parte de la dirección política de la neo-colonia del resto de Irlanda. El Sinn Féin tiene Ministros en el Ejecutivo del Norte de Irlanda, que es la administración local del Estado colonial británico. El Ejecutivo lleva a cabo recortes en servicios para el pueblo de los Seis Condados, como parte de la estrategia capitalista de trasladar su crisis a la clase obrera, y también reduce los salarios. También administra las fuerzas policiales locales (PSNI), que anualmente refuerza provocativas marchas lealistas que atraviesan zonas católicas enfrentándose a la oposición de la población, y lleva a cabo el acoso tanto individual como comunitario en las áreas de resistencia.

Fin

ARMED STRUGGLE, OR NOT? THEY ARE ASKING THE WRONG QUESTIONS.

Diarmuid Breatnach

An interview with Dominic McGlinchey was recently published by Connla Young of the Irish News on Friday 24 January 2014 and Anthony McIntyre published a longer version of it in his blog, The Pensive Quill (http://thepensivequill.am/2014/01/dominic-mcglinchey-interview-saying.html). Scrolling through the dozens of comments on the interview in the blog, it seems that most readers agreed with McGlinchey’s observations which, if the commentators are following McIntyre, would probably not be too surprising.

Nevertheless, there is at the moment an atmosphere of reflection in much of the Irish Republican movement. Among the questions being asked are whether continuing (or restarting, according to one’s definition) armed struggle is the way (or part of the way) forward in the struggle against British colonialism in Ireland. Reflection is overdue in this movement and at this time and it is most welcome. However, I believe that the question being asked is the wrong one. It seems to me that the questions being asked and which have been asked in the Republican movement often are the wrong questions, which is why British imperialism continues to be able to defeat us.

A more useful question might be: Why did British imperialism succeed in defeating the Republican movement in the recent 30 Years’ War? The usual reply to this is “Our leaders betrayed us” or, from those who were not in PSF or in PIRA at the time of the “Peace Process” and the Good Friday Agreement (which most of their present critics were, it is well to remember), “the Shinners sold us out”. But such replies only give rise to other questions, such as Why did your leaders betray you and how was it you let them do it? Or Why did “the Shinners” sell you out and why were they able to do so?

Another frequent response to the failure to succeed in struggle (and not just in Ireland, believe me!) is The media were against us. I do not intend to discuss that response here other than to say that when revolutionaries expect the media of their enemies to treat them well, or when they feel that the success of their endeavours depends on such favourable treatment by their enemies, then we have lost already!

Having posed what I believe to be more fundamental questions, I will attempt to answer them. British imperialism was not only able to defeat the Republican movement in the 30 years war but, in the long run, was guaranteed to defeat it, for the following reasons:

  1. The Republican struggle was concentrated on an area consisting of a fifth of the country and in which a large section of the population was under the hegemony of Unionism
  2. The Republican struggle held no reason to the mass of people in the rest of the country to contribute to the struggle other than solidarity with Catholics in the Six Counties and a vague promise of a better future under Republicanism
  3. The Republican movement valued its hegemony so much that it strangled what it considered competition
  4. The Republican movement usually sought allies in the wrong quarters.

There is a fifth reason, which I will discuss later.

So, let me now elaborate on these reasons.

1. The Republican struggle was concentrated on an area consisting of a fifth of the country and in which a large section of the population was under the hegemony of Unionism.

If we stand back a bit and look at the struggle with that in mind, it is obvious that defeat could only be inevitable. The only thing that should surprise us is how long it took to be defeated, which is a tribute to the militancy, courage, resolution and endurance of the “Nationalist” people and of the Republican movement.

The Republican struggle was waged in the Six Counties because that’s where an allied but different struggle broke out, that of Civil Rights. The Six Counties was a colonial statelet with fascist laws and blatant discrimination against a huge minority, the “Catholic” or “Nationalist” community. Many in that community had no permission to vote while some from the majority community, the “Protestants” or “Unionist”, had two votes each. Electoral boundaries were artificially drawn to give Unionists a majority in areas where they were actually in a minority. Housing and jobs and institutions of higher learning went mostly to Unionists. The British flag was everywhere and the Irish tricolour was banned. The state had a whole set of emergency legislation which it often enacted, even to ban historical commemorations or meetings. The police force was Unionist, armed and sectarian and their part-time reserve, also armed, was if anything worse. (I am not unaware that a number of those things are still true, by the way).

The campaign for civil rights for the “Nationalists” and for a democratisation of the Six County statelet was repressed by the state which led to ongoing confrontation between the sectarian colonial police force, including its reserves and supported by civilian Loyalist zealots, and the campaign. Some areas became totally blocked to state access and so successful was the resistance of the people that, despite huge amounts of tear gas, numerous baton charges and some firing of live rounds, the statelet’s forces could no longer cope and its master, the British state, sent in its troops.

From that moment onwards the stage was set for struggle directly between the Republican movement and British colonialism, backed by the armed forces of British imperialism. And given the history of all those entities and the stakes being played for, it was inevitable that a significant part of that struggle would be an armed one. But while the Republican movement made the mistake of prioritising that aspect overall, British imperialism did not; despite many mistakes, it always kept the long view in mind and prioritised the political struggle while, at the same time, resolutely pursuing its armed repression and response.

So, the Republican movement had no say in where the struggle broke out, which was at the point in Ireland where the fracture line was deepest, and at a time of an increasingly militant and growing youth and student movement, at a time when much of the world was looking at and learning from the struggles of the black civil rights movement in the USA and the resistance of the Vietnamese to the US military invasion and war (there were other influential struggles too but those were the ones that probably most impacted on the consciousness of the Irish at the time). And the Republicans were right, both by the logic of their history and in absolute terms, to engage in that struggle in the Six Counties. But they didn’t have to ensure that the focus of the struggle stayed there.

2. The Republican movement held out no reason to the mass of people in the rest of the country to contribute to the struggle other than solidarity with Catholics in the Six Counties and a vague promise of a better future under Republicanism

What they could have done, should have done, had to do if they were going to win, was to extend the struggle to the rest of the country, i.e. to the area of the Irish state, the 26 Counties. To some extent they tried to do so, but mainly on the basis of solidarity with the Six Counties alone. The immediate issues impacting on the mass of the population of the 26 Counties were not addressed. The Republican movement did not mobilise around those.

Prior to the split in its ranks, Sinn Féin had organised around some of those.

Logo of the Dublin Housing Action Committee which agitated and took direct action on housing issues in Dublin.  Sinn Féin had a strong presence in the campaign which survived the first split (out of which came Provisional SF) but did not survive long after the second split, out of which came the IRSP.
Logo of the Dublin Housing Action Committee which agitated and took direct action on housing issues in Dublin. Sinn Féin had a strong presence in the campaign which survived the first split (out of which came Provisional SF) but did not survive long after the second split, out of which came the IRSP.

It had organised and contributed to struggles around housing, including occupations of empty houses and buildings. It had also organised trespass protests around foreign and private ownership of land, rivers and beaches, along with some industrial resistance actions.  It had in fact taken on the Archbishop of Dublin http://comeheretome.com/2013/09/23/1970s-protests-to-open-merrion-square-park-to-the-public/

When the split came, most of the more socialistically-inclined stayed with the parent organisation, now named the “Officials” (later to be known as the “Stickies” or “Sticks”) while most of the others went with the new organisation, the “Provisionals” (whose armed wing later became known as the “Provos” or “Provies”). When the “Stickies” split again not long afterwards, the emerging IRSP did take up a socialist position on many questions social, economic and political, as well as engaging in armed struggle against British imperialism. This trajectory was brought to a halt due partly to state repression and partly to internal strife on a number of issues and in fact a number of its founders left very early on due to the primacy being given to military consideration (or to the military wing) in the decision-making of the political party. Over time the internal strife degenerated further into mortal feuds and including criminal gangs.  And that left the Provisionals with total hegemony over the anti-imperialist Republican movement.

Housing, unemployment, emigration

The Provisionals, if they wished to extend the struggle to the 26 Counties, had no shortage of social, economic, political and cultural issues they could have taken on. Shortage of affordable housing continued to be a serious issue in Ireland throughout the three decades of the war, as did emigration for most of it (this issue also impacted on almost every social class in Ireland, both sides of the Border). Unemployment, the main cause of emigration, was also a serious issue right up to the boom in the economy of the Irish state in the 1990s and impacted particularly heavily on rural communities which suffered depopulation, especially of the young.  Addressing this issue could have given rise to struggles over decentralisation and promotion of local economies as well as confronting the nature of the neo-colonial state and its bourgeoisie.

Gaeltacht and language rights

The Gaeltacht areas suffered equally from emigration but that also impacted on the viability of these reserves of the Irish language; in addition neither they nor the Irish-speaking community beyond had radio or TV services in their language, no independent Irish language weekly newspaper, or even a bilingual one (to say nothing of a daily); nor had they any access to most services through Irish from state bodies, not to speak of private ones (Radio na Gaeltachta, TG4 and Gaeltacht status for Ráth Cairn in Meath all came about later as a result of agitation and civil disobedience campaigns).

Trade union movement

The 26 Counties, for a non-industrial nation with high emigration, had strong traditions of trade union membership and solidarity. During the 1970s these began to be subverted and “social partnership” became the norm, led by the trade union federation ICTU and two of its largest constituent unions, SIPTU and IMPACT, and encouraged by elements in the Labour Party and in Fianna Fáil.  Provisional SF could have become active within the trade unions in opposition to “social partnership”, thereby not only giving leadership on a viable trade union policy to thousands of workers but also at least disrupting a trajectory leading to the present impotency and immobilisation of the trade union movement in the face of sustained attacks by the state and private capitalist companies. Instead, Phil Flynn, senior official of his trade union and a member of the SF Ard-Choiste (Executive Council), was an active supporter of that same “social partnership” (he is now a businessman).

Social rights – contraception, divorce, abortion, sexuality

The 26-County state was under heavy Catholic Church control which had a huge impact on social issues. Homosexuality, birth control, divorce and abortion were all illegal – contraceptive devices were not freely available in the state until 1993. The Republican movement, if it could have overcome its own prejudices and dominant ideology, could have campaigned for the people to have access to birth control, divorce and abortion. It did nothing about birth control, gave no leadership on the right to divorce and opposed the freedom to choose abortion (the exception was the IRSP). It gave no leadership on homosexual rights and it was a huge shock to the Provisionals when two of their H-Block prisoners “came out” as gay. The movement eventually supported the decriminalisation of homosexuality and PSF also supports the right to gay marriage now but they can hardly be said to have campaigned for gay rights.  These battles were led, fought and many won, by others – civil rights, feminist, gay, socialist and social-democratic organisations and campaigns. Some Republicans took part in these campaigns but they were a minority of their movement and the movement did not lead.

The Catholic Church

In taking up these issues of fertility control, sexual rights and divorce, without even considering abortion, the Republican movement would have had to oppose the Catholic Church – at least its hierarchy. (It would also have had to confront the Presbyterian churches in the Six Counties but here I am discussing what the Republican movement could have done to extend the struggle throughout the 26 Counties). Whether because of the ideology of its leadership, its prejudices or its reluctance to alienate its more conservative support, it is clear that the movement has never been prepared to confront that institution. This is all the more surprising when one considers that since the birth of Irish Republicanism, the Catholic Church hierarchy has been its determined enemy, along with most of its clergy. Indeed, the Catholic Church hierarchy has been a supporter of British colonialism until when in the very late stages of the War of Independence, it switched its allegiance, along with the Irish capitalist nationalists, into an alliance with elements of the Republican movement leadership at that time.

The reluctance to take on the Catholic Church on such social issues, discussed earlier, also made it unlikely that the Republican movement would challenge the Church on its control of education in the Irish state or even on the physical, mental and sexual abuse and exploitation being committed by individual clergy and going on in institutions run by the Church. Though such abuse only became the subject of open discussion through a series of public scandals beginning around the late 1980s, it is impossible to believe that large numbers of people in Irish society, including members of political parties, were not aware of it from an earlier time. So it is reasonable to assume that the Republican movement leaderships were aware of abuse by the Church though not, perhaps, of the scale and its intensity.

Gender

The failure of the Republican movement to take on some of those issues also impacted on its view of gender and its role within society.

Irish feminist conference poster, Dublin 1971.
Irish feminist conference poster, Dublin 1971.

Much of the Republican movement reflected the general society’s view that the role of married women was essentially as home-builders.  In organisation, despite the presence of some very able and strong female activists, overall the movement tended to see women as auxiliaries to Republican men in politics and in war. The fact that women had played a huge role in the struggle through centuries in Ireland and at times a pivotal one was not something of which the Republican movement seemed aware.

It is shocking now to realise that as late as the 1960s and 1970s under Irish law, that the property of a woman became her husband’s upon marriage but not vice versa; that women had to have their husband’s signature on hire purchase agreements and that women had to retire from the civil service, including as teachers, as soon as they married.

As a result of the cultural-idealogical limitations of the Irish Republican movement it was not able to play a leading role in the liberation of women nor to significantly contribute to it in Irish society; as half or more of the population are usually women this failure was a serious limitation to spreading the struggle throughout the 26 Counties.

Intellectual freedom was a ground on which the Republican movement could also have challenged the 26 County state, which would have won it more allies among the intelligentsia and cultural avant-garde. Intellectual freedom after all had been both a slogan and a battle ground for Republicanism in England, France and in Ireland in the past. But taking up that issue would also have meant taking on the Catholic Church and the Republican movement confined itself to only two areas, those of historical research and theory and of news coverage, not in order to defend intellectual or academic freedom but to defend its version of history from the colonial apologia of Irish revisionist historians, and to demand accurate reporting of events in the war. But the Republican movement did not promote the alternative revisionism or re-examination and interpretation of history which was really needed, such as critical examination of the failure of consecutive Republican campaigns, nor research into and promotion of the role of women in progressive Irish politics (and not just in the Republican movement), the role of the working class in Irish history, the role of religious dissenters (particularly in developing Republicanism), the role of the Irish diaspora elsewhere and the role of immigration to Ireland, or the development/ underdevelopment of the capitalist class in Ireland. Nor did it defend accuracy and lack of censorship except where such militated in its own sectional favour and its own newspapers practised censorship continuously.

Neo-colonial economy

The nature of the neo-colonial state was such that it opened itself to monopoly capitalist penetration from abroad at minimal cost to investors (something which has not changed in the least) and native capitalist concerns were regularly bought out by these foreign capitalists. Also, some native industries were downgraded or wiped out as a result of neglect or deliberate undermining. Sinn Féin prior to the split had done some work on this and although some work continued to be done by Provisional Sinn Féin after the split, it was not an area given any great importance in organisational priorities.

Drugs

There was one important social issue in which the Provisionals became involved in the 26 Counties and this was to do with drugs. During the late 1970s and the 1980s, heroin consumption, particularly in urban working class areas, assumed almost epidemic proportions. A number of individuals and organisations became involved around this issue and one significant campaign arising from it was the community-based Concerned Parents Against Drugs. The Provisionals became heavily involved in local groups of CPAD. Largely ignorant about addiction issues, as would have been the rule in Irish society at the time, but very concerned about the effect on their communities, the focus of CPAD was in driving out drug-dealers from their areas.

These campaigns had some positive effects but also many negative ones, including not dealing with the fundamental issue of addiction or misuse nor the social conditions that encouraged them. The Provisionals had their own drinking clubs and “taxed” ‘Nationalist’ pubs in the 6 Counties and they also ran cigarette smuggling operations to raise funds for their organisation. Yet alcohol and tobacco consumption are the biggest threats to health in Ireland (and in most of the world, according to the World Health Organisation) and the negative social and health effects of alcohol far exceeded even those of heroin addiction at the time. In addition, the Provisionals tended to view all illegal drugs in the same light, for example punishing consumers and dealers of cannabis and amphetamines along with those of heroin and, later, cocaine. Evidence is now coming to light also that in some areas, the Provisionals even “taxed” drug dealers. Some CPAD activists (including prominent SF member Rose Dugdale) have also criticised the degree to which the Provisionals became involved within CPAD and undermined community control of the campaigns. The state also found this a good excuse to crack down on CPAD, expending more police energy on repressing the campaign than on upholding their laws regarding drugs.

Immigration and equal rights

As the boom in the economy continued, Ireland began, for the first time in centuries, to attract substantial immigration. Some of that was of returning Irish and some of it the “return” of the children of the diaspora. But a large part of it was also Chinese, Eastern European and African in origin. Equal rights for these migrants of course became an issue but the Provisionals, despite their anti-racist policies, did not mobilise around these issues. Part of the Bunreacht, the Constitutions of the state, declared that “It is the entitlement and birthright of every person born in the island of Ireland, which includes its islands and seas, to be part of the Irish Nation. That is also the entitlement of all persons otherwise qualified in accordance with law to be citizens of Ireland.” This meant that migrants’ children, if born in Ireland, had a right to Irish citizenship. Reactionary and populist politicians and media created some controversy around this, fuelled also by some racist concerns abroad that Ireland might provide some kind of tunnel for people of non-EU background to flood into “fortress Europe”. Both main bourgeois Irish political parties, Fianna Fáil and Fine Gael, supported an amendment to the Bunreacht removing the right to nationality by birth. This was opposed by a number of political parties, including Sinn Féin and the Irish Labour Party.

The referendum on the amendment took place during the Irish local government elections of 2004. The campaign against the amendment was weak but in Dublin I witnessed posters advertising some public meetings against it which were organised by the Trotskyists and by the Labour Party but saw none organised by any Irish Republican organisation. Sinn Féin, which was heavily committed to its own local government election campaign, ironically with an election slogan “Sinn Féin, for a nation of equals”, did not even mention the referendum in its Dublin leaflets.  Disturbing as their lack of leadership on the issue was, I was even more shocked to have rationalised to me by one of their election campaign organisers that to focus on the referendum would have distracted from their election campaign and might even have lost them votes.

Summary so far

In the above text I have tried to make the case firstly that a struggle in essence confined to such a small area as the Six Counties, with a large population under hostile ideological hegemony (or even without that factor, come to that), was bound to lose in the long run.

I have stated that although the struggle naturally enough took off in a large way in that small area, it need not have been confined to it. In support of this thesis I have tried to show the many areas of struggle that were open to development by a revolutionary movement in the rest of Ireland and for which favourable conditions existed. I have also endeavoured to show that, with the exception of a problematic campaign around drugs,  they were not taken up by the movement and, in some cases, have discussed in passing the reasons for this failure.

I wish now to go on to discuss the next reason for the failure of the struggle.

3. The Republican movement valued its hegemony so much that it strangled what it considered competition

There is something to be said for the theory that for a revolutionary organisation, wielding hegemony is actually a necessity and that to neglect to build and defend that hegemony is a derogation of responsibility. Yes, well, there is something to be said against that theory too.

It is certainly necessary for a revolutionary anti-imperialist movement to maintain a high level of dominance for anti-imperialist ideology and organisation in society, if it is to succeed in overthrowing imperialism. That would be the case anywhere, one would imagine and certainly Ireland neither is nor was an exception. But the Republican movement did not have the only brand of anti-imperialist ideology and even within Republican ideology the Provisionals were not its sole proprietors.

However, the Republican organisations have in general acted as if they were the sole proprietors of the truth and certainly the Provisionals were a prime example of this. Not only that, but they also acted as if they were the only ones who could be trusted to lead any aspect of the struggle. What an irony that turned out to be! Of course this attitude is by no means confined to the Provisionals or to Republican organisations but is sadly to be found throughout the Left also.

Whenever a movement arose around an area which the Republican movement considered their preserve, unless they could control it, they squashed it. I have three examples in mind. The first was the H-Blocks campaign, which was started by mostly female relatives of the prisoners. This campaign grew and gained a lot of support especially in the Six Counties, of course, but also in the Twenty-Six. Bernadette McAlliskey (nee Devlin) has written about how the movement was taken over by the Provisionals and so have others. The potential for a popular political prisoner solidarity movement, anti-imperialist in character, was lost and instead was converted into an election machine which the Provisionals themselves, in their version of the history of the Hunger Strikes, claim was the beginning of their development of the “Peace Process” which led to the Good Friday Agreement.

The Irish diaspora in Britain and some British Left took to the streets to support the Hunger Strikers.  In doing so they defied the campaign of state terror with the jailing of a score of innocent Irish people on murder charges and the reign of the 1974 "Prevention of Terrorism" and a hostile media campaign.
The Irish diaspora in Britain and some British Left took to the streets to support the Hunger Strikers. In doing so they defied the campaign of state terror with the jailing of a score of innocent Irish people on murder charges and the reign of the 1974 “Prevention of Terrorism” and a hostile media campaign.

The second example was how Sinn Féin impacted on Irish solidarity events in Britain. The Irish community in Britain had been terrorised by the operation of the Prevention of Terrorism Act (1974) and the jailing for murder in a number of different trials in one year of a score of innocent people from the Irish community in England.  The community had also been shocked by the killing of civilians in a number of Republican bombings. Attendance at Irish solidarity events decreased hugely. But the hunger strikes in 1981 brought the Irish out again on to the streets, defying the terror campaign of the state and media. Some of the British Left responded too.

After the deaths of the ten martyrs, annual Hunger Strike commemorations became common and even at other solidarity events, the Hunger Strikers formed an important part of the symbolism and discourse. When Irish solidarity activists organised events to which they invited speakers from the movement in Ireland, the message was coming back that PSF would not send a speaker if the IRSP was also invited to send one. This was never put in writing but it was made quite clear to the organisers.

This placed organisers of Irish solidarity events in a dilemma. It was important for them to have speakers from the struggle in Ireland but they did not want to have to choose which organisation to support, much less agree to exclude the trend which had contributed three of the ten hunger striker martyrs. On the other hand, nor did they want to end up with the absence of a speaker from the Republican organisation with majority support in Ireland.

The problem was exacerbated in the case of demonstrations when Republican marching flute bands from Scotland, which had become so much a part of Irish solidarity demonstrations, began to also say that they could not attend a demonstration with an IRSP speaker or if there were no SF speaker. Some of them may well have been taking this position from loyalty to SF but there was another possible reason which weighed heavily with them. Some of them explained to me that if they fell out with PSF, they would not get invitations to play at marches organised by the Provisionals in the Six Counties. Attendance at such events was of tremendous psychological importance to their members.

One successful Hunger Strike commemoration march in North London, the organising committee of which I was a part, after long arguments, went ahead with a rally platform which included among the speakers one from the IRSP. Provisional SF had been invited to send a speaker but had declined, giving some excuse. Some of the members of the organising committee were so disheartened by that absence that an attempt to organise a repeat demonstration the following year had to be abandoned. Organisers of similar events became mentally exhausted through similar arguments and some events which had been successful in terms of numbers and areas where they had taken place were also not repeated, or were not repeated a third time – this was the case with the Terence McSwiney Commemoration march in Brixton.

My third and last example is the Saoirse campaign in England. Soon after the 1994 IRA ceasefire, the Provisionals started a political campaign in solidarity with political prisoners, with a green ribbon, broad in membership, allowing many to join and become involved who were not necessarily aligned to the Provisionals as well as those who were. In Britain it quickly pulled in others who had not yet become active on the issues as well as those who had. The Saoirse campaign grew quickly in London, where I was working and politically active at the time. The agenda of an organisational meeting would include discussion of Saoirse’s most recent public activity, the planning of the next one, discussion on letters being sent to Republican prisoners and their replies, updates on the situations in the prisons and at large, and planning of social/fund-raising events. The meetings were lively and a place where innovative ideas were not only put forward but often accepted and acted upon.

After the Canary Wharf bombing in February 1996, the word was relayed to us that Sinn Féin wished to close down the Saoirse campaign. The official rationale was that the campaign was inappropriate now that the ceasefire was over and the war back on. Many of us disagreed: war or ceasefire, the prisoners were of continuing concern and the Saoirse campaign was lively and growing. Inside the solidarity movement, another rationale started to be rumoured, that Sinn Féin had expressed concern at “the penetration and takeover of Saoirse in Britain by Red Action,” a British-based socialist organisation.

Red Action originated among SWP dissidents who organised themselves to fight the growing fascist movement in Britain. Since British fascists often targeted Irish solidarity demonstrations and meetings, it was natural that an anti-fascist organisation should find itself in action around Irish solidarity events but also many of Red Action’s leaders and members were Irish or of Irish descent and they had a natural sympathy for Irish solidarity as well as a according it a certain ideological importance.

With the creation of the Saoirse campaign it was natural that Red Action should become involved. However, at organisational meetings of the North London committee, there were only two or three Red Action present out of an attendance of between 15 to 20 people. In South London, where my branch was, there were none at all.

What became clear to me and to some others was that Sinn Féin wanted to close down the campaign not because it was inappropriate in terms of the stage of struggle, or because it was being taken over by some other group or that it was doing anything wrong in terms of Irish solidarity – it was simply that the organisation was so lively and attracting so much support that SF could no longer control it. Eventually, despite resistance, they managed to disband it.

When the “peace process” was back on again, SF’s support organisation in London, the Wolfe Tone Society, whose leaders had at first opposed the closing down of the Saoirse campaign, called people together to launch a new campaign, a replacement of Saoirse which they called Fuascailt. Hardly surprisingly, the gathering to launch the new organisation was much smaller than had been the Saoirse support – the disbanding experience had been so alienating to some that they never joined Fuascailt and some I never saw on the Irish solidarity scene again. Fuascailt didn’t grow much and it was evident that the WTS were keeping a pretty tight control on it. Initiatives which they did not approve of, or which were suggested by those who were known to be against the “peace process”, were voted down or, if they won majority support, were sabotaged in a number of ways. It was not a great surprise to some of us when the WTS proposed a motion coming from the Provisionals that Fuascailt should be closed down and its membership transferred to the WTS. The motion was carried by a large majority.

The net result of all this manoeuvring was that SF’s London support group increased a little in size but a much larger broad, vibrant and growing Irish solidarity organisation ceased to exist.

4. The Republican movement usually sought allies in the wrong quarters.

The Republican movement has, since the creation of the Fenians, looked to the Irish diaspora in the United States for support. But the diaspora is not homogeneous – it has class and political divisions. Increasingly the Republican movement came to seek the political support of the bourgeois section of the Irish diaspora, especially within the upper echelons of the Democratic Party, who had sympathies for Irish national aspirations but who were also capitalists and supporters of US Imperialism.

These were the opposite of those long pickets standing outside the British Embassy in New York, described by musician (of Black ’47 fame) and author Larry Kirwan  as “the Tribe”. This orientation increasingly tied the Republican movement to reactionary politicians and impacted negatively on their ability to unite effectively with anti-imperialists around the world, most of whom were fighting US imperialism directly or indirectly. In fact, one of the regular contributors to An Phoblacht in the early days, a PSF weekly newspaper, was Fred Burns O’Brien, based in the US and a supporter of Israeli Zionism (which at times found expression in his articles).

Gerry Adams and Sen. Edward Kennedy, Irish-American millionaire politician of the US Democrat Party
Gerry Adams and Sen. Edward Kennedy, Irish-American millionaire politician of the US Democrat Party

The alliance with the Irish-American Democrat politicians was not only a reactionary alliance but a very naive one for the PSF – US imperialism needed the support of British imperialism for its wars abroad, both in terms of military alliance but also in cajoling and bullying support in the EU and in the UN. The US was never going to force its junior partner to take a serious loss unless US Imperialism itself was going to get some major gain from it (as it had done in the Middle East after the Suez Crisis).

In the Irish state, PSF looked first to the “Republican wing” of Fianna Fáil. This party, it must be remembered, despite its origins in a split from Sinn Féin in the 1930s, had become the preferred party of the Irish neo-colonial bourgeoisie, having been in power for more years than its competitor, Fine Gael. Appealing to such conservative elements meant keeping PSF policies conservative too and not challenging the basis or social reality of the 26-County state.

In Britain initially PSF appealed to the Irish diaspora there, making no distinction between minor Irish construction and publican capitalists one the one hand and working class Irish (who were the vast majority of the diaspora) on the other. They also initially cooperated to an extent with British Left solidarity organisations such as the Troops Out Movement but were very uncomfortable with the revolutionary socialist rhetoric of many on the British Left.

After PSF closed down all their cumainn (branches) in Britain, they had to become more involved with British socialist organisations and with TOM (Troops Out Movement). The latter over time and especially during state repression of the Irish community became less of an Irish solidarity voice in British society, its original raison d’etre and instead increasingly became another organisation fishing in the Irish community pool, along with Irish republicans, Irish community activists and specific campaigns such as the Anti-Strip Searches campaign.

These were healthy alliances in general for the Republican movement but increasingly TOM came to accept the diktat of PSF while the Republican movement ignored the needs of the Irish community, concentrating on its military campaigns in Britain on the one hand and, on the other, on reformist “solidarity” campaigns. The “Time To Go” campaign in Britain was the epitome of that, in which PSF asked people in Britain for troop withdrawal from Ireland, not on the basis of the British ruling class being a common enemy of the British workers, nor even just of internationalist solidarity, but on the basis that less military expenditure would lead to increased investment in social provision in Britain.

In Britain, PSF could find no potential ally in a political constituency to match that of the US Democrats or Fianna Fáil. The Labour Party had been the very party that sent the troops to support the sectarian Six County state against the civil rights uprising and had brought in the Prevention of Terrorism Act in Britain (and jailed a score of innocent Irish people on murder charges). But the Labour Party had some Trotskyist and radical Left groups within it and in promoting its Time To Go campaign, PSF appealed to these and to individual politicians such as Clare Short, Ken Livingstone and John McDonnell.

The opportunist manoeuvring of Short and McDonnell in particular, along with their small Trotskyist and radical Labour cliques, eventually left the TTG campaign with a huge presence on paper and one big demonstration, but no real substance and no real change in British politics. All the Irish community and Irish solidarity organisations left the organising committee, with the exception of the Connolly Association, a group closely related to the waning Communist Party of Great Britain. TTG was also supported on the British Left, as well as by trotskyists and radicals on the fringes of the Labour Party, by the Socialist Workers’ Party, to the extent that whenever one saw a TTG poster on the streets it was next to one of the SWP’s, obviously put up in the same postering operation by supporters of the party.

The Irish diaspora in Britain was very large and overwhelmingly working class. It had a huge potential for mobilising Irish solidarity and for breaking through media disinformation to their British workmates, neighbours and partners. But it also had its own needs. PSF never respected those needs and disregarded them in favour of bombings on the one hand and reactionary alliances on the other. Nor was PSF interested in revolutionary alliance with the British working class to which the Irish community held at least one of the keys (the only SF representative in Britain I ever heard promote something of the sort, Derek Highstead, was not long in his post before he was found dead under his tipper truck in 1976 with no witnesses to say what happened).

Summary of the above

I have stated that the Republican movement in general and PSF in particular did not tolerate what it considered competition and deliberately squashed and eliminated any campaign or movement it viewed in those terms.

I have also stated that in general, the Republican movement and PSF in particular has preferred reactionary alliances to revolutionary ones.

I have tried to show how reliance on such alliances helped drive PSF in increasingly reformist directions and away from the potential of revolutionary alliance internationally and, particularly in Britain, the possibility of developing a class-based revolutionary alliance with the potential not only of increasing Irish solidarity presence in British society but also of destabilising the rule of the British capitalist class. I have also tried to illustrate how the PSF ‘need’ to control their arena and to eliminate whatever they consider competition led to decreasing and restricted solidarity movements and the elimination of popular movements which would have had the potential to spread the struggle wider, to bring new forces to it and to increase solidarity for the struggle in the Six Counties.

And now …..

Up to now, I may have kept some Republicans still with me or at least keeping an open mind while they think about what I’ve been saying. With what I am about to say now I risk switching the last of these off and yet I think it needs to be said. This is the fifth reason I have been keeping until last but it provides the key to understanding why the Republican movement in general and PSF in particular made all these “mistakes” and why the movement in general continues to make them. And unless this is confronted, the movement will keep on making these errors forever, oscillating between militarism and reformism and never organising popular revolt; it will never defeat imperialism, to say nothing of achieving the socialism to which, in their statements, all Republican organisations currently aspire.

5. The Republican struggle was led by a bourgeois ideology although most of its membership was working class.

All these “mistakes” and “omissions” made the defeat of the struggle inevitable but they did not come about through the stupidity or ignorance of the leaders of the Republican movement. They came about because from their class viewpoint, by and large they could not act otherwise. They never sought to overthrow the Irish state but instead to come to some sort of a deal with it in the future. That is why they did not mobilise on the many economic, cultural and social issues which were available. They did seek to overthrow the Six County statelet and to expel British colonialism, but in time realised not only that they would not get any help from the Irish state to do that but that it would oppose them all the way. They could only overthrow the Six County statelet by overthrowing the Twenty-Six County state also, which was never their intention. Once they realised that, a deal with British imperialism and the ending of the war was inevitable.

The Republican movement leadership may have had its own prejudices and religious beliefs which would make confrontation with the Catholic Church difficult but the more fundamental reason for the failure to take it on was simply that the Catholic Church was (and still is) part of the Twenty-Six County state.

And the Republican leadership could not build and maintain genuinely socialist and anti-imperialist alliances because some day in their vision of the future they would be running a capitalist Ireland and be part of the capitalist-imperialist world network, which was the same reason they built reactionary alliances instead. The Republican movement had a bourgeois ideology and a petite-bourgeois leadership with aspirations to become big bourgeois. And unless Irish Republicans learn to recognise this and to combat it, they will always be the footsoldiers and prisoners in a war which their leadership will ensure that they cannot win.

Republicanism, anti-monarchical anti-feudal in outlook, developed as an ideology of a rising capitalist class but a class which also had to recruit other subject classes to fight for it, since the capitalist class itself was neither numerous nor powerful enough on its own to displace the monarchy and aristocracy. This is the meaning of the recruitment of

The Levellers were a democratic republican movement with a strong representation in the New Model Army.  After their mutiny at Bamford, Oxfordshire, Cromwell broke an agreement with them and attacked at night, killing several.  These three were taken prisoner, held in the church at Burford and then shot dead.
The Levellers were a democratic English republican movement with a strong representation in the Parliamentary New Model Army. After their mutiny at Bamford, Oxfordshire, Oliver Cromwell broke an agreement with them and attacked at night, killing several. These three above were taken prisoner, held in the church at Burford and then shot dead.

people like the Levellers to the English Civil War of Parliament against the English King in 1649 and the later trials, expulsions, executions and murders of those Levellers (for seeking a fuller democracy and refusing to be sent to suppress the Irish). It explains the recruitment of the poor sans cullottes to the French Revolution of 1789 under slogans of “liberty, equality and fraternity”, and in 1871, the drowning in blood of the revolutionary socialist Paris Commune. It is why republican and revolutionary France could send troops to suppress the black slaves in Haiti who, taking French revolutionary slogans to heart, had risen in the first successful modern slave uprising in history. It is why republican and revolutionary American colonists could have black slaves and make war on the native American Indians. It is why bourgeois republicans in the Popular Front government of the Spanish state did not set free its “Spanish Sahara” colony (now Western Sahara) despite it being one of the staging posts for the fascist-military uprising that began the Spanish Civil War.

Republicanism per se, despite things often said to the contrary in Irish Republican circles, is no natural ally of socialism. However, in Ireland in particular, there have been many attempts to marry the two political trends. James Connolly called the first socialist party he founded (1896) the “Irish Socialist Republican Party” and the Republican Congress (1934) tried to combine both socialism and republicanism. Sinn Féin before the split developed a socialist rhetoric and drew inspiration from socialist countries and in recent decades all Irish Republican parties lay claim to being socialist. The IRSP put forward a socialist rhetoric upon its formation and later formally adopted marxism-leninism. But the two trends of socialism and republicanism do not automatically go together.

Socialism, the real thing as opposed to social democracy, is a revolutionary ideology of the working class. It seeks to put the working class in control. It is not for “the people”, whether of Ireland or of anywhere else, but for the working class. In the process of its revolution, the working class cannot help but liberate “the people”: the peasant from being a virtual slave to landlord and big farmer; the small business people from exploiting their families and long hours and constantly being broken by bigger businesses; the monopoly capitalists from being parasites exploiting others and using their families to build their empires (whether they and their families want that liberation or not). All this the working class will do under socialism while liberating workers from being wage-slaves, educated only to the necessary level to carry out their roles as producers and exploited throughout their working lives. For the first time in the history of class struggle, a majority class will come to power.

The working class cannot achieve socialism without social revolution and its main enemy in this is of course the class of its exploiters, the capitalist class, those who stand most to lose. The Irish capitalist class however is two capitalist classes, the colonial bourgeoisie in the Six Counties, descendants of British colonialists, and the neo-colonial bourgeoisie in the Twenty-Six, the “native” capitalist class that developed under direct British rule and after “independence”. And both of these have a relationship, each different but of dependency nevertheless, to imperialism — British, US and EU. The Irish working class, in order to free itself, has to oppose imperialism and colonialism in Ireland.

The Irish bourgeoisie and sections of the middle class, the petit-bourgeoisie, have gained and can gain from their relationship with imperialism and colonialism – they have become administrators and agents in the selling of the country, its resources and labour. But the working class can never gain anything from compromising with imperialism and colonialism, as it will always be the loser. “The working class remain as the incorruptible inheritors of the struggle for Irish freedom”, said James Connolly or, to put it another way, the ONLY inheritors who can be trusted to carry through the struggle. In order to carry out that responsibility, it must be the leader of the national revolution. While it can make temporary alliances with other classes, it must have its own organisation to the fore with its own ideology and its own clear demands. It cannot have vague demands like “control of the resources by the people” or “real democracy and accountability” while having not a word to say about what it will do with Irish and foreign capitalism.

Among the first steps of any socialist revolution must be not only the setting up of workers’ councils to make decisions and to mobilise resources, but to nationalise all major capitalist concerns without crippling the economy with compensation to the former “owners”. If Irish natural resources “belong to the people” then they must be nationalised immediately. And if land “belongs to the people”, the workers will take it immediately for food production, cheap social housing or other projects. If the seas “belong to the people” then the workers will develop them for sustainable food and power production and defend them from incursion. Universities will become not only places for academic exploration but also training places in the skills and technology that a developing Irish economy will need – and open to all free of charge. The working class will also have to completely tear down the structures of the capitalist state and decide what structures of its own to construct to serve society. And if socialists intend to do all this, how can they mobilise the working class without telling them their programme and allowing them to see that vision of society, so that it becomes the vision of the class, its own conscious mission?

If the Irish Republican movement ever comes to truly incorporate socialism into its ethos, it will need to incorporate it into its policy too. And it will need not only to recruit overwhelmingly among the working class as it does now, but to give the class its view of itself as the leading component, the motive force of the Irish revolution, not for “Ireland” but for the class itself!

If the Irish Republican movement comes to do all that, then it will truly be socialist. But it will be a very different movement and the process will make many in the current movement uncomfortable. On the other hand, we will truly be on the way, for the first time in centuries, to the defeat of colonialism and imperialism in Ireland.

I have said that much of the current discussion in the Republican movement is centring on the wrong question – the questions I have asked are I think the fundamental ones to ask at this time. But I am also aware that at some point the question of armed aspect to the struggle will need to be addressed. I am clear that by and large this is not the time for armed struggle. However, I am also clear that at some point capitalism and imperialism will pose the question for us much more forcibly. No ruling class has ever stepped down from power willingly or without, if it had the capacity to do so, unleashing violence on those who would overthrow it. Nor has any imperial or colonial power relinquished control of its colony without first trying to violently suppress the national liberation movement. And no class or liberation movement that has been unable to meet that armed violence with an adequate armed resistance has succeeded either. History tells us that is true and it doesn’t care whether we like it or not.

End

How can a people defeat a stronger invader or occupying power?

Diarmuid Breatnach                       Nov. 2012

This article was replaced by an edited and augmented article posted on 30th January 2014 (Spanish-language version also posted “Como Puede un Pueblo ..” etc): 

IS IT POSSIBLE FOR A PEOPLE TO DEFEAT A STRONGER INVADER OR OCCUPYING POWER?

(Spanish-language version also posted “Como Puede un Pueblo Derrotar  ..” etc)